Oficinas de la Comar, un calabozo para migrantes
Es el calvario de cientos de migrantes provenientes de Centroamérica, algunos de la última caravana
Eduardo Torres / Diario del Sur
Pero esa espera no tiene fin. La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados sólo da excusas a esta mujer, su niña y el resto de hondureños que la acompañan.
El cuadro que tiene enferma a la pequeña Sofi era de esperar. Sólo consumen mango de un árbol que les concede sombra durante el día, cuando el sol es insoportable en este infierno físico y emocional que viven cientos de migrantes en el sur de México.
Llevamos aquí 10 días sin poder avanzar, queremos quedarnos porque a Honduras no podemos regresar, nos matan
Para la Comar, llegar al sitio y fotografiar su acceso principal es una falta que, según ellos, contraviene con la seguridad de los extranjeros.
Una mujer, que apenas titubea algunas palabras, asevera que está prohibido hacer fotografía, mientras un guardia federal, con el gesto bravucón, trata de intimidar en la labor de activistas y periodistas.
Se le intenta cuestionar sobre los trámites y citas pendientes de las decenas de migrantes que esperan afuera, pero la respuesta es un portazo en las narices de todos los que afuera esperan.
Se están desgastando en demasía, sin comida, durmiendo en cartones, y todavía con la amenaza impresa en las puertas donde se lee la advertencia que quién pernocte en este perímetro, podrá ser levantado en cualquier momento por las autoridades.
Las oficinas de la Comar son un vil calabozo para los migrantes.
Como Sofia otros infantes pasan la misma situación: largas esperan sin final en un sol intenso, sin agua ni comida, tampoco un baño para sus necesidades fisiológicas o de aseo personal.
Es el calvario de cientos de migrantes provenientes de Centroamérica, algunos de la última caravana; haitianos, cubanos y africanos.


























