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La madera de parota es altamente valorada por su resistencia y durabilidad, / Instagram / jcmorafoto
La parota o guanacaste (Enterolobium cyclocarpum o Mimosa Parota) es un árbol imponente que destaca no solo por su tamaño, sino también por su versatilidad y los beneficios que ofrece a las comunidades de Chiapas y el resto de México. Este árbol hermafrodita, que puede alcanzar alturas de entre 20 y 30 metros, e incluso superar los 45 metros en casos excepcionales, se encuentra principalmente en las zonas tropicales y cálidas del país, sobre todo en las regiones costeras. En Chiapas, la parota es especialmente relevante debido a su adaptación a las tierras del Soconusco y otras áreas cercanas a ríos y arroyos, donde crece de manera prolífica.
Originario de América tropical, la parota tiene una gran historia de uso en diversas culturas, especialmente entre los pueblos indígenas de la región. En lengua maya, este árbol es conocido como pich. A lo largo de los siglos, ha sido aprovechado tanto por sus propiedades medicinales como por sus frutos, madera y resina.
Desde tiempos prehispánicos, las semillas, corteza, frutos y resina de la parota han sido empleados con fines curativos. Se ha utilizado tradicionalmente en el tratamiento de enfermedades respiratorias como bronquitis y resfriados, además de ser conocida por sus propiedades antiinflamatorias y depurativas. La goma que exuda el tronco, conocida como “goma de caro”, también se empleaba para aliviar hemorroides y problemas digestivos.
En Chiapas, algunas comunidades han continuado con el uso de la parota en la medicina tradicional, principalmente en infusiones y como remedio casero. Además, los frutos verdes, astringentes, son útiles para tratar la diarrea.
El fruto de la parota, con un sabor y olor dulce, es otra de sus características más destacadas. Cada vaina contiene alrededor de 12 semillas, que no solo son comestibles, sino que también son ricas en nutrientes como proteínas, hierro, calcio, fósforo y ácido ascórbico. En varias comunidades chiapanecas, las semillas son molidas y utilizadas en salsas, sopas y hasta como sustituto del café. Además, su harina, comparable a la del trigo, se usa como complemento alimenticio para el ganado.
Otro aspecto relevante de la parota es su valor como fuente de energía. La leña y el carbón derivados de este árbol tienen un alto poder calórico, lo que los hace ideales para la cocina y como combustible en diversas actividades cotidianas.
La madera de parota es altamente valorada por su resistencia y durabilidad, lo que la convierte en un material perfecto para la fabricación de muebles y elementos de decoración. En Chiapas, y particularmente en la región del Soconusco, es común encontrar artesanos que, con gran destreza, transforman esta madera en muebles finos, herramientas de cocina y hasta embarcaciones ligeras. La parota se distingue por su impermeabilidad, lo que la hace ideal para la construcción de canoas, barcos y otros objetos expuestos al agua.
Los carpinteros y ebanistas de la región, muchos de ellos con conocimientos transmitidos de generación en generación, han convertido a la parota en un emblema de la tradición artesanal chiapaneca. Hoy en día, esta madera sigue siendo un referente en el mercado, especialmente en la creación de muebles de alta calidad que reflejan la riqueza cultural y natural de Chiapas.
A pesar de sus múltiples beneficios, la parota enfrenta desafíos debido a la deforestación y la presión sobre los recursos naturales en Chiapas. La explotación de la madera de parota y su consumo en diversas formas exige una gestión responsable para asegurar su conservación a largo plazo. En este sentido, tanto las autoridades como las comunidades locales deben velar por la sostenibilidad del árbol, promoviendo su cultivo y aprovechamiento de manera equitativa y respetuosa con el medio ambiente.
En resumen, la parota o guanacaste no solo es un símbolo de la biodiversidad y el patrimonio cultural de Chiapas, sino también un recurso invaluable que sigue siendo de gran importancia para la salud, la alimentación, y la economía local. Su preservación y aprovechamiento adecuado serán fundamentales para garantizar que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de sus múltiples beneficios.