Gobernador señaló que la federación no ha definido cuándo terminarán los trabajos, pese a que originalmente se contemplaba su conclusión desde el año pasado
En sesión de Cabildo fue aprobada una reestructura gubernamental, que contempla la desaparición de la Coordinación de la Oficina de Presidencia y creación de la Coordinación de Asesores
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Aquel día, la muchedumbre rellenó todos los espacios y todos los rincones. A mí, reportero del Diario de Querétaro por entonces, me tocó en el descanso de la amplia escalera del exconvento de Capuchinas, cerca, a escasos escalones, de la oficina que ocupaba Rubén Galicia Medina, el presidente del hegemónico PRI queretano. La masa humana, que inundaba escaleras, pasillos y llegaba hasta el exterior del inmueble, empezó a apretarse, eliminando cualquier sana distancia entre los anhelantes asistentes. El candidato, recién destapado al más puro estilo del organismo político y del país, había llegado.
Cómo logró llegar Enrique Burgos desde la entrada principal, en la céntrica calle de Guerrero, hasta la segunda planta del vetusto inmueble, es una incógnita, pero lo hizo, aún entre palmadas en la espalda, abrazos de oso, porras y empujones. Sería el próximo gobernador, nadie lo podía dudar en aquellos años, y todos querían ser vistos, escuchados, atendidos, en esos momentos de gloria.
Seis años atrás, viví un momento muy similar. Marco Antonio León, presidente del tricolor entonces, anunció que las bases se habían pronunciado y que el candidato del organismo político que presidía en la entidad sería, siguiendo los mandatos del pueblo, sería Mariano Palacios Alcocer. Ahí, el joven dirigente priista arengó a los muchos presentes para ir a informar la noticia al ungido, que seguramente en esos momentos se desayunaba unos huevos rancheros en su casa, sin imaginar la designación.
Y así fue: la nutrida comisión, convertida ya en multitudinaria frente a la residencia de Palacios en las cercanías del Acueducto, tocó a la puerta, y minutos después el ya casi candidato salió de su domicilio y encabezó, junto con León Hernández, una marcha plagada de vítores por las calles del Centro Histórico hasta el exconvento sede del PRI, para recibir, multitudinaria y sentidamente, la decisión de esas míticas y misteriosas bases del partido.
El Dr. Jaime Zúñiga Burgos cuenta en uno de sus gustados y leídos artículos, el destape de Rafael Camacho Guzmán, y lo hace desde la cercanía que él tuvo con quien fuera dirigente de los trabajadores de la radiodifusión en el país. Ahí la cosa no estuvo tan tersa, pues el favorito del priismo queretano era Fernando Ortiz Arana. Con caras agrias, el sector popular del PRI comunicó la decisión al presidente del organismo político en la entidad, Francisco Briseño. La ausencia del popular “negro Camacho” en el estado, originó que se organizara una recepción en la caseta de Palmilla, límite natural y social de Querétaro, no sin los resquemores que la nominación, o el destape, habían causado en algunos sectores de la población, principalmente el estudiantil.
Los destapes, tan mexicanos, tan nuestros, siguen presentes hoy, pero con algunas marcadas diferencias. Las bases, claro está, siguen siendo las mismas y siguen cabiendo en una sola oficina, pero ahora no existe el recato público, la discreción política, para ocultarles la cara, sin éxito en pasillos, pero asumido sin chistar en las plazas y auditorios. La máxima de don Fidel Velázquez de que quien se mueve no sale en la foto se ha transformado en lo antagónico y todos quieren salir en la gráfica para la posteridad. A más visto, mejor.
Así que ni elecciones internas, ni encuestas, ni cualquier otro invento de nuestros tiempos, hoy nadie tiene dudas de que, con miras a la elección del 2027, los candidatos serán elegidos por las bases, aunque ahora, a diferencia de antaño, el nombre de esas bases se publica sin prudencia.