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Análisisviernes, 27 de septiembre de 2024

Contraluz / David, misionero 

David Esquivel Hernández es un sobrino –hijo de mi primo Luis Esquivel Torres- a quien le llevo unos seis años y con quien algunas veces, de niños, jugábamos cuando en vacaciones venía con sus papás a la casa de su abuelo José María Esquivel.

Era generalmente risueño, inquieto y juguetón, aunque a veces parecía demasiado serio para su edad.

De niño, como a mí, le aburrían las largas misas en latín y con el oficiante de espaldas a los fieles.

En el libro hay un relato sobre su tarea pastoral ocurrido en Chad (nación en el centro de África) que me llamó profundamente la atención por razones obvias, y que transcribo tal cual a continuación:

El bautismo de Brigitte y Agathe (Moissala, abril de 2005)

Les dije que se prepararan para Pascua porque iban a ser bautizadas.

Néloumnta sonrió abiertamente con su desdentada boca mientras Madjalta gritaba con el clásico ouyouyou que es expresión de gran regocijo.

Siguieron ellos su preparación paralela a la celebración de los oficios de Semana Santa con un retiro, apartados a unos 200 metros de “la misión”.

Los bautizados habían sido invitados a diferentes casas y nos dispersamos. Yo me fui a dormir a mi casita de adobe no lejos de la capilla y ahí me arrullaron los gritos y danzas de la gente que siguió la fiesta hasta Dios sabe qué horas.

Las fiestas de los pobres son hermosas y evangelizadoras.

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