Análisisjueves, 7 de marzo de 2019
El Teatro de la República
El Teatro de la República
Fernando Ortiz Proal
Notario Público 19 de Querétaro.
ferortiz@notaria19qro.com
PRIMER ACTO. IDEARIO REVOLUCIONARIO. Como atinadamente apuntó Georges Ripert, toda revolución social debe consumarse en el ámbito jurídico, de no ser así, no pasa de ser un acto de agitación política, tan fugaz como estéril. En este sentido, la revolución mexicana se consolidó el 5 de febrero de 1917 con la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. La emancipación social que se consagró en diversas disposiciones de la Constitución Federal, particularmente en lo que a derechos laborales y seguridad social se refiere, fueron probablemente el logro más contundente de la lucha revolucionaria, realidad que contrastó notoriamente con el fracaso de la reforma agraria, curiosamente el punto de partida del ideario de los protagonistas del movimiento armado. La historia es paradójica en esencia, el origen y destino de los acontecimientos se transforma con el paso del tiempo. Pues bien, dicho catálogo de prerrogativas laborales representó un avance indudable en beneficio de la clase obrera. Este marco general se fortaleció en 1931 con la promulgación de la Ley Federal del Trabajo. Lo mismo ocurrió en 1970 con la nueva Ley Federal del Trabajo, vigente actualmente. Y ahora los astros se alinean hacia una reforma que todo indica será un nuevo paradigma en materia del trabajo. Sin embargo, pese a que desde una perspectiva puramente legalista las condiciones individuales, generales y especiales del trabajo, los derechos sindicales, así como las autoridades y procedimientos laborales, corresponden, cuando menos formalmente, con las aspiraciones de los trabajadores mexicanos, en realidad no se ha alcanzado una cultura del trabajo que logre impulsar el desarrollo económico del país, y al mismo tiempo incremente el nivel de vida de los trabajadores. Y lo mismo ocurrirá con esta nueva intentona si no se implementan inteligentemente los cambios legales que se hagan.
SEGUNDO ACTO. INDISPENSABLE COORDINACIÓN ESTATAL. Esta situación es en principio atribuible a la caprichosa política gubernamental en materia laboral que se ha operado sexenio tras sexenio, la cual ha optado por la comodidad de privilegiar la continuidad de cuestionados representantes obreros, en aras de mantener un confortable corporativismo, pero rezagando el verdadero desarrollo y la organización independiente de los trabajadores. Evidentemente en este momento resultaría estéril pretender regresar a los tiempos de enfrentamiento. Hoy día, en un país democrático y cada vez más plural, con una sociedad participativa, una clase trabajadora exigente, cansada de la manipulación, y una empresa crecientemente competitiva, se hace indispensable una política de estabilidad en las relaciones obrero-patronales, coordinada e impulsada por un Gobierno firme pero respetuoso. La función del Estado debe ser conciliar más y mejores prestaciones para los trabajadores, reconociendo las exigencias que impone a la empresa una economía globalizada. No se puede hablar de crecimiento económico sostenido si éste no incrementa y mantiene las fuentes de empleo. El capital, los insumos y la empresa, son factores que con la eliminación de las barreras arancelarias y a la inversión, transitan libremente de un país a otro. Por el contrario, la mano de obra es estática. Las ventajas competitivas de México para atraer inversión no pueden seguir girando en torno a la oferta de mano de obra barata. Como nunca antes, urge al país el crecimiento de la planta productiva, el ejercicio libre y responsable de la empresa con respeto irrestricto a las condiciones de trabajo.
TERCER ACTO. CAPACITACIÓN Y CONCILIACIÓN. El Estado debe promover la capacitación de la fuerza de trabajo en estrecho vínculo con las nuevas tecnologías y, paralelamente, debe impulsar un sistema de salarios más flexible, que respetando siempre el sueldo mínimo, reconozca las destrezas de los obreros calificados y promueva su incremento en atención a la capacitación que reciban. No obstante lo anterior, la tarea de conciliación, de concordancia de los intereses de la clase obrera con los patrones, debe ser la función primordial de la autoridad.
TRAS BAMBALINAS. OSTEO-OBSESIÓN. Negar la crisis en el PRI es echarle gasolina al incendio. Lo primero que deben hacer esas vacas sagradas del priísmo adictas a declarar, es dejar de negar lo evidente y desechar ese lenguaje absurdo y de lugares comunes que en nada abona el camino hacia un nuevo tricolor. Es una lástima que los cuatro aspirantes a administrar los retazos del PRI hayan sido gobernadores y/o secretarios de Estado y su obsesión les impida dejar de roer el hueso. Cuando menos dejen hacer el intento a otros.