Análisisviernes, 7 de febrero de 2025
Expediente Q / Extorsionadores
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En los últimos meses las denuncias por extorsión han proliferado en sus diversas modalidades: el falso paquete no entregado, compras inexistentes con tarjetas bancarias, la amenaza de un supuesto familiar secuestrado y más recientemente, la clonación de voces mediante inteligencia artificial; todo nos lleva a un mercado en crecimiento donde los delincuentes encuentran en la tecnología y en la falta de control legal un terreno fértil para operar.
El auge de la extorsión no es un fenómeno aislado; responde a varios factores clave: la crisis económica que afecta a miles de familias y la impunidad con la que operan los criminales; la desesperación de quienes buscan ingresos en un contexto de inflación y precariedad laboral los vuelve más vulnerables a caer en este tipo de engaños y la otra cara del problema es aún más grave: la ineficacia de las autoridades para combatirlo.
La presidenta de México ha llamado a las fiscalías estatales a perseguir el delito con mayor rigor, el problema no es solo de voluntad política, sino de estructura. Presentar una denuncia sigue siendo un proceso engorroso, lento y en muchos casos, ineficaz. Las víctimas, en lugar de recibir apoyo, se enfrentan a un aparato burocrático que les dificulta el acceso a la justicia, lo que desalienta la denuncia y permite que los delincuentes sigan operando sin consecuencias o con resultados poco alentadores para las víctimas.
Mientras no se fortalezca el marco legal y se modernicen los mecanismos de investigación, la extorsión seguirá siendo un negocio rentable para los criminales; se requieren acciones contundentes: fortalecer las unidades especializadas en delitos cibernéticos, agilizar las denuncias con procesos simplificados y sobre todo, endurecer las penas contra quienes lucran con el miedo y la desesperación de la gente.
Combatir la extorsión no es solo un asunto de seguridad, es una deuda con los ciudadanos que exigen justicia en un país donde, hasta ahora, denunciar sigue siendo más difícil que delinquir y conforme avance la inflación y el dinero no alcance siempre habrá rateros especializados.
Después de que los importantes invitados al evento del Teatro de la República pudieron sortear los filtros militares; todos volvieron a sonreír y prepararse para las selfies con los personajes actuales de la política nacional; casi todos olvidaron el desdén en las vallas para darle paso al registro fotográfico del momento.