Censurar o no censurar. Céline II
¿Cuál es la mejor manera de proceder respecto a una obra racista y antisemita? ¿esconder, censurar, negar, ocultar; o ventilar, airear, discutir, evaluar, exponer, criticar, contextualizar?
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El problema no es fácil de resolver, y no es para menos. Aún hay mucho dolor en el pueblo judío por los crímenes nazis, por el racismo, por la persecución, por los campos de concentración. Sin embargo, tampoco se puede tapar el sol con un dedo. De aquella ideología racista aún quedan simpatizantes, que se alimentan de obras como las de Louis-Ferdinand Céline. Ese es el núcleo de la discusión respecto a si reeditar o no las obras de este autor.
No debería prohibirse la reedición de estos libros panfletarios, titulados Bagatelles pour un massacre, L’École des cadavres, Les Beaux Draps, de cualquier forma, quien los busque los puede encontrar en internet. Lo mejor sería publicarlos y preparar a las nuevas generaciones para enfrentarse de manera guiada y crítica con situaciones como las que representa Céline. Válgase el siguiente ejemplo un tanto simple, es como cuando hay una película que no quisiéramos que vieran nuestros hijos, pero sabemos que tarde o temprano se van a encontrar con ella y va a ser peor que la vean solos. A pesar de lo difícil, doloroso, o problemático que pueda ser, siempre será mejor y más redituable que enfrentemos el problema y veamos la película con ellos, explicándoles, guiándolos, orientándolos, resolviendo sus dudas y respondiendo a sus cuestionamientos. Incluso, si no estamos capacitados para responder, podemos prepararnos, leer o recurrir a quienes puedan asesorarnos para responder a cualquier problema que la hipotética película planteara. El resultado siempre será mejor al ocultamiento o la censura. Esto además provocaría una búsqueda a escondidas, por morbo o curiosidad, y lo peor, la exposición sería sin guía, sin cuestionamientos sólidos, sin contraste.
Cualquier cosa que los textos de Louis-Ferdinand Céline representen en la actualidad, debe ser enfrentada con aparato crítico, contextualizando, tanto en su momento histórico como en la actualidad, con la opinión de expertos, con ediciones críticas, con seminarios especializados. Digamos que no hay que escurrir el bulto dado que siempre será peor, más desconcertante, nebuloso, mitificador, y confuso.
¿A qué se le teme en un libro? Sólo los peores dictadores le han temido a las letras y al pensamiento libre. En Alemania, ya antes, han enfrentado un problema en cierta forma similar al que enfrentan ahora los libros de Céline en Francia. La cuestión la ha planteado el libro Mi lucha, de Adolf Hitler. Muchos pedían en su momento que no se reeditara, finalmente se decidió hacerlo con una edición crítica, acompañada de explicaciones contextuales. Fue una medida acertada, peor sería querer ocultar o desaparecer un libro por más siniestro que sea. Cuando el lector es asesorado críticamente, está mejor armado para ejercer con libertad su juicio analítico, y además, -y quizá mucho más importante- , cuando los hechos y los argumentos pueden desmentir con claridad y veracidad las falsedades que se mencionan en textos como los de Céline o los de Hitler, cuando la realidad objetiva demuestra con hechos contundentes que estaban equivocados. Cuando una sociedad es capaz de responder de esta manera crítica y argumentativa, resulta mucho más sano y benéfico para la convivencia social saber la verdad, sin censuras ni aspavientos. Las sociedades están permanentemente en construcción, nada hay de una vez y para siempre. Lo que fue puede volver, siempre será mejor el enfrentamiento crítico con el pasado, que su evasión o censura.
La verdad nos construye. Es mejor optar por ella que por la censura y/o la eliminación. Todo vuelve siempre a flote. Querer eliminar la obra panfletaria de Céline es colocarla en la palestra en donde puede ser muy mal interpretada. En cambio, colocarla sobre la mesa, leerla, cuestionarla, explicarla en su contexto, traerá aire fresco al gran pueblo francés, y al resto del planeta. Censurar, para Francia, sería negar la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Y lo compruebo. Percibo y siento muy diáfanamente que para mí releer a Céline, 37 años después, no me hace simpatizar para nada con las causas nazis, racistas o antisemitas. Todo lo contrario. Sigo admirando la cultura judía, sigo releyendo a los autores judíos de mi biblioteca, gano en solidez en mis convicciones respecto a estos temas. Y cuestiono a Israel en lo que me parece equivocado. Creo que no se debe prohibir un libro por más nefasto o siniestro que sea. ¿ Hizo lo correcto el editor Gallimard al suspender la reedición de los panfletos antes citados? No puedo ordenar que los reediten, ¿cómo querría imponer una idea? Digo: pensémoslo, reflexionemos, valoremos, recapacitemos. No hay que olvidar también que en cuanto al tema de la publicación de su obra, hay cuestiones legales que establecen límites a ciertas publicaciones. No pueden publicarse libros que inciten al odio y violencia por cuestiones de raza.
¿Cuál es la génesis del racismo? ¿Cómo puede existir tanta maldad y odio? Sin duda, para empezar, es una falta de amor, de empatía. Es una enfermedad social que se manifiesta como soberbia y un afán de superioridad (que a la vez es un complejo de inferioridad). Desafortunadamente ha ido aparejado con la historia de la humanidad. Y el caso de Céline no es el único, en todas las artes se han manifestado, a veces abiertamente, otras de manera soterrada, e incluso inconsciente, ideas racistas y supremacistas. Un sólo ejemplo: Elcorazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; otros autores abordan críticamente el tema, como en el libro Matar a un ruiseñor, de Harper Lee; o como Vasili Grossman en El libro negro (Ed. Galaxia Gutenberg); otros han analizado críticamente desde la antropología y la sociología el problema, como Frantz Fanon en Piel negra, máscaras blancas (Ed. Akal. 2009); y otros, como lo señaló Elena Poniatowska en su Discurso al recibir el premio Rómulo Gallegos: “América Latina es racista en contra de sí misma”, han aprovechado foros internacionales para combatir el racismo. http://www.letralia.com/169/especial01.htmDesafortunadamente la lista temática sobre esta situación es muy larga, baste con estos pocos ejemplos.
En la lectura del libro De un castillo a otro encontramos muchos de estos elementos racistas y antisemitas. Es un texto lleno de amargura y resentimiento, de denuncias que acusan a los ganadores de la guerra, de haber abusado de su poder. Y está bien, es correcto denunciar todo abuso, pero lo que llama la atención es que Céline no pasa su reflexión por la crítica y autocrítica de sus propios actos. Siempre son los otros, en su imaginario él es la víctima de los malvados que al parecer porque sí lo han dañado y perseguido. Céline mismo lo dice, lo reconoce, es un hombre amargado, resentido, lleno de ira, de odio. “Yo nunca quiero nada…rechazo todo…ni un beso…¡ni una servilleta!...¡quiero rememorar!...¡quiero que me dejen!...¡eso es! ¡Todos los recuerdos!¡las circunstancias!¡es todo lo que pido!¡vivo mas del rencor que de los tallarines!¡pero del justo rencor! (p. 120) (continuará).