Emboletados III
Vitral
Alfonso Franco Tiscareño
-¿Me permite fumar un cigarrillo?-, pregunto el señor licenciado
-pues…
-No, no, si le molesta no lo haré.
-No, no es eso. Es que yo qué le puedo decir, licenciado.
-Bueno, sé que está prohibido, que no es lugar para fumar, pero es que estoy un poco nervioso. ¿Sabe porqué estoy nervioso, señorita Atenea?-, dijo con voz un tanto melosa el licenciado.
-No licenciado, no tengo idea- respondió sin expresar ninguna emoción.
-¿De veras, de veras, no tiene idea?- insistió él.
-No, Atenea, todavía no mande el correo. Faltan algunas ideas que no he desarrollado. Guárdelo por mientras.
-Como usted diga señor. ¿Me puedo retirar?-
-Sí, la llamo más tarde, gracias.
Ajustándose el vestido, Atenea se levantó. Dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta. Estaba de espaldas al licenciado. Él miraba en forma morbosa su bella figura. La deseaba.
*
-Hola, están padres esos discos ¿verdad?
-No sé, apenas los estoy mirando-, dijo ella. -¿Son tuyos?
-No, no, yo no vivo aquí, también soy invitado.
-Entonces, ¿cómo sabes que están padres los discos?
-No sé, me latió. Alcancé a ver la portada del disco de Donna Summer, y ese me gusta. Es música vieja, pero bien buena, ¿no crees?
-Lo ignoro, dijo Sonia, la verdad no sé mucho de música.
-Hay que pedir que lo pongan ¿ya vas? Y bailamos.
-Es que no sé bailar.
-Yo te enseño a bailar disco. Ven.
























