Lector y martillo
Literatura y filosofía
José Martín Hurtado Galves / Colaborador Diario de Querétaro
Leo este texto sujetando un martillo.
El pensamiento es una caja de vidrio roto. Modifica el interior y obnubila cualquier posibilidad externa. No hay, en ese sentido, posibilidad de conocer o reconocer la realidad in situ. De hecho, todo es un constante no in situ.
Sigo con el martillo en la mano | no he dejado de leer.
Leer a golpe de martillo es tentación constante, lo sé… casi lo imagino.
El martillo me empieza a pesar.
Sigo leyendo, leo con mis ojos que no ven. Leo con estos ojos que se pierden entre el amarillo y el negro. Las palabras danzan, gritan, corren eufóricas. Persiguen el silencio. Intentan destrozarlo | lo buscan porque le tienen miedo.
El martillo me está hablando | qué dice | qué calla |
Los cuervos se confunden en la noche con las urracas. El tamaño es proporcional a la imaginación y al miedo. Sus graznidos son de viento seco. Sus patas enraízan en la oscuridad del vacío. Son volutas que encienden la fuerza del martillo.
Las palabras son negras en claros de luces vacías. Son cuervos cuando se miran de lejos, y urracas cuando se posan en las pupilas | por eso la danza del iris: porque busca atraer el vacío negro que es tentación de ser.
Levanto el martillo | el golpe está cerca.
El martillo ha caído por fin | la nada ha explotado | mi ser se ha vuelto de voz en bruma.
El texto sigue aquí, cerca de donde lo imagino. Todo parece igual: la hoja, la tinta; el margen, la línea; la idea, la voz. Sin embargo, nada es así | sólo es danza de letras, movimiento que atrae, gramática para soñar |.
La página ha abierto sus ojos vacíos. Ya no hay martillo, ni hoja, ni palabra, ni espacio. Sólo queda un ser que insiste en leer, ¡pobre!, piensa que aún tiene un martillo; cree que la palabra es sólo lo que dice y que el silencio no dice nada.
[mi mano y mis ojos estás vacíos].


























