Para mí, Borges no está muerto
Vitral
Alfonso Franco Tiscareño
He amado el ajedrez, me ha enseñado mucho de la vida, a planear las jugadas, a estar atento, en fin. Por las muchas ocupaciones y por no ser mi gran vocación, he dejado de jugarlo, pero sus muchas enseñanzas siguen alimentándome.
“No saben que la mano señalada / del jugador gobierna su destino, / no saben que un rigor adamantino / sujeta su albedrío y su jornada. /
Y abismo y resplandor y azar y viento? / Quien lo mira lo ve por vez primera,/
Siempre. Con el asombro que las cosas / Elementales dejan, las hermosas / Tardes, la luna, el fuego de una hoguera./ ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día / Ulterior que sucede a la agonía.
Del libro “El otro, el mismo”, de 1964.
Me regresé al hotel, me quite la ropa empapada, traía al cosmos conmigo mismo, compactado en mi pequeña, pero grandiosa humanidad. Le relaté a mi amada la vivencia, y luego entre sus brazos, sus piernas y sus besos, fui gestado nuevamente esa noche.