Estadios vacíos
Se pierde la esencia
EFE
El fútbol es de todos. De los futbolistas, de los entrenadores, de los medios de comunicación y sobre todo... de la afición.
La Bundesliga ha entrado en nuestras vidas con fuerza estos días. A través de la televisión hemos visto las gradas vacías. Es futbol sin alma. Sin pasión. No es lo mismo. Descafeinado. No hay costumbre de ver ese futbol.
Desde la salida del hotel a la llegada al estadio. Un viaje repleto de sensaciones, un color inolvidable. Bufandas, cánticos, emociones que sirven de estímulo al equipo.
Se ha perdido el calor, el abrazo del gol, el aliento, el ánimo, tan deseado de los momentos críticos, esa palabra de incentivo de los aficionados y que tanto se echa de menos cuando se compite y fallan las fuerzas. El vacío es descomunal.
El factor más importante, la gente, el segmento que sujeta el espectáculo y el negocio, ese no ha podido asomarse. El futbol sin afición no es nada. Es preciso poner de relieve ese axioma y ponderar la fortaleza del público.





























