Localmiércoles, 12 de julio de 2017
Amor en el aire
Sí, el amor siempre está en el aire
Redacción

Para Norma Sí, el amor siempre está en el aire. Es tan frágil, hay que cuidarlo tanto, alimentarlo. Es una construcción, un aprendizaje. Toda esa capacidad está ahí, dentro de nuestro corazón, pero hay que regar las semillas para que puedan crecer. Al principio cantas solo, y es bueno, porque al primero que debes amar es a ti mismo, pero luego, cuando menos para la mayoría, ya no basta con eso. Requerimos del otro para la realización completa de nuestro ser. Y buscas, volteas, olfateas, te asomas, vas a fiestas, caminas por mercados, por pasillos oscuros, por túneles mugrosos, por grandes avenidas, por todos los lugares inimaginables. Vas dejando huellas para que el otro te encuentre, vas marcando el camino lleno de esperanza y de ilusiones. Trabajando, a veces como un loco, porque el amor se trabaja, se gana. El verdadero, digo.
Falto de experiencia, cargando tu carretilla vas. ¿Qué llevas en ella? ¿Qué traes? ¿Amistad, cariño, música, libros, pinturas, dibujos, viajes, solidaridad, una bolsa de besos, un montón de abrazos, kilos de placer, mucha risa, alegría? Ven, vamos niña, échame una mano que vamos a construir nuestro nido, el que soñamos, del que platicamos mientras columpiábamos las piernas subidos en aquella gran montaña en una tarde llena de nubes y recuerdos. Tráete tu bagaje, no me importa, es inevitable. Yo vendré con el mío. Ven, aquí te espero. Sé que existen fuerzas que se mueven más allá de mis ojos, sé que es largo el camino, que mis plegarias ya han sido escuchadas, mientras admiro tu preciosa forma de andar.
Ven, que aquí te espero, tengo un mundo para colocar a tus pies, mi amada. Casi te adiviné, menuda, con una voz preciosa, melodiosa, un talle apretado, unas piernas potentes. Tu cabello volando al viento, ojos grandes y brillantes. Tus dientes de marfil, labios pintados de granada. Tus besos suaves y húmedos, tiernos, subyugantes. Ven, sé que eres real, que no estoy soñando, que eres un regalo de la vida para mí. Quiero estar a esa altura.
Y qué honor más grande, tú preguntas por mí, comienzas a buscarme, te he interesado. Qué emoción. Esa ropa te hace ver todavía más hermosa, ese perfume con aroma de flores frescas, tu cuello delicado. Y tus caderas, alforja donde guardo mis sueños más grandiosos. ¡Escucha mi canto porque es para ti! ¡Oye mi voz acompañada de los coros divinos! ¡Te amo! ¡Mi mano está extendida y sé que pronto estará completa, nos volveremos uno! ¡Ven! Llegas con protección, yo comprendo, quizá has sido herida en el camino. Ven, no tengas miedo, mis errores no serán obstáculo, los corregiré. Ah, ya escucho tus pasos. Qué honra que una mujer como tú venga a mi vida. La voz anuncia tu llegada. Tú no saliste de una costilla, naciste un piso arriba de mí, en una luna. Caminaré sobre la viga de acero más peligrosa que vuele en el aire para llegar a ti, para merecerte. ¡Ay, el olor de tu piel es tan inmaculado! ¡Tus pies tan suaves! Sí, sí, ya no eres una interrogante, eres real. Caminas con tanta gracia, tus movimientos son tan femeninos. Vas conquistando mundos, guapa. Tiraré todo mi pasado ante la rotunda presencia de tus besos. Tócame por favor con esas manos suaves, pásalas sobre mi cuerpo adolorido, acaríciame, por favor.
Escucho voces a lo lejos, a los lados, pero soy, por el momento, un sordo enamorado. Tan sólo escucharé los latidos rotundos del amor en su tum, tum, sagrado. No estoy para nadie. Tu sonrisa es todo, qué cara tan hermosa. Miras directo a los ojos, no te andas con ambages. A paso gallina, gallo, nos vamos acercando y cada día encuentro algo nuevo en tu ser. ¡Dios existe! Tengo hambre de ti. Ven, vamos a amarnos. Desnudemos nuestras almas. Dios, qué mujer. Nuestro camino es viejo, las nubes son blancas. Amémonos.