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Análisissábado, 18 de abril de 2026

Expediente Q / Eventos

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En Querétaro, la cancelación de 34 eventos durante la actual administración es un dato importante. Es una señal clara de cómo la autoridad está ejerciendo su facultad de control sobre el espacio público. La narrativa oficial habla de orden, prevención y cumplimiento normativo. 

Cancelar eventos implica que algo falló antes: o en la organización, o en la supervisión previa, o en los criterios de autorización. Si cuatro eventos recientes fueron suspendidos antes de realizarse y uno más ni siquiera obtuvo permiso, entonces el filtro previo falló.

El argumento de “posibles riesgos o irregularidades” es amplio y conveniente. Si la regla es endurecer controles, también debería fortalecer la asesoría y acompañamiento previo para evitar llegar al punto de la cancelación.

La supervisión permanente que tiene  el municipio es correcta en el discurso, pero el indicador real no es cuántos eventos se suspenden; en fondo el tema es equilibrio.

Hoy el mensaje es firme: el municipio cancela cuando detecta irregularidades. Falta el otro mensaje: cuáles son las reglas exactas, cómo se evalúan y por qué unos eventos sí pasan y otros no. Sin eso, la autoridad controla, pero no necesariamente ordena.

DE REBOTE

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