Localjueves, 9 de noviembre de 2017
Del alfeñique a la resina
Artesanos queretanos incorporan nuevas técnicas
Alondra Jiménez

Artesanos queretanos incorporan nuevas técnicas para conservar dulces tradicionales de Día de Muertos La vendimia de Todos Santos en el marco de los festejos de Día de Muertos, se ha convertido en una tradición esperada por los queretanos. Desde la ahora conocida como Plaza Fundadores, hasta el Jardín Guerrero, donde actualmente se encuentran, los artesanos han visto evolucionar esta tradición y en su búsqueda de preservarla trabajan en nuevas técnicas.
Fue hace 50 años que la familia Mendoza Salazar comenzó el trabajo del alfeñique, “miembros de mi familia son los que iniciaron con esta tradición en Querétaro”, asegura Martín Mendoza, quien actualmente encabeza el negocio familiar. El dulce de Día de Muerto, el alfeñique, es la receta que esta familia resguarda desde hace tanto tiempo; calaveras, cajoneras, cazuelas de mole, canastas, entre muchos otros son los que adornan año con año su puesto y las ofrendas de aquellos que comparan sus productos. Gente de San Juan del Río, Santa Rosa Jáuregui y hasta San José Iturbide hacen su pedidos a la familia Mendoza.
Desde agosto comienzan la fabricación de los dulces, ya que por el material es necesario esperar a que cada una de las partes seque por completo para ir incorporándolas, esto por una parte, mientras que el trabajo de las calaveras se comienza en octubre. Son cerca de 10 mil piezas las que actualmente producen únicamente de figuras, más otras 13 mil calaveritas de azúcar y chocolate. Ésta última fue una técnica que tuvieron que incorporar ante la demanda del comprador, “nos tenemos que actualizar porque nos gana el comercio”, sostuvo. Las cantidades de producción han disminuido por la falta de tiempo para venderlas más allá de la falta del interés por parte de los compradores, “es una tradición bonita (…) los que están acabando con ella son las clases altas, en las colonias y escuelas populares todavía se está luchando para mantener esta tradición”, señaló. Él, en compañía de su sobrina Tania, se encargaron en este año del puesto y aseveran que hubo un interés mayor en comparación de otros años, “creo que estamos regresando a las tradiciones, los maestros están pidiendo las calaveras y estos productos”, dijo ella.
Pese a la buena recepción que tuvieron en este 2017, la novedad sigue siendo su mayor competencia, “es la demanda del cliente, ellos vienen y buscan la calavera y aunque se la des barata ella prefieren novedad”, ante esta situación es que desde hace ocho años ellos incorporaron a su negocio los llamados “oficios”, desde la table dancer, hasta el doctor son personificados por la muerte y pedidos por la gente, “la recepción del oficio es excelente, tenemos clientes de ocho años que año con año vienen para hacer su colección, apuntamos los oficios que nos piden para hacerlo el próximo año”, relató Martín.
Son entre 2 y 3 mil piezas las que venden anualmente, sin embargo estos productos no son realizados por ellos. “Todo lo mandamos a hacer en bruto, nosotros lo pintamos, pero si vamos a Oaxaca y los mandamos hornear y armar, ya sólo los traemos y los empezamos a pintar desde febrero”, explica. Aunque no son un producto local, ya se han convertido en una tradición para los queretanos que entre risas y emoción acuden año con año para adquirir alguno o regalar. La mayoría asisten en búsqueda de la figura del doctor, el licenciado o el oficinista en general, sin embargo las tendencias cambian año con año, es así como fotógrafos, futbolistas, carniceros, radiólogos y demás han llegado.
No sólo son los oficios, también son las catrinas de diferentes técnicas las que cada vez se apoderan más del puesto, dentro de los productos más recientes que añadieron fue la calavera de resina, “tenemos que buscar y actualizarnos, quiera tener mi puesto lleno de dulce pero no lo vendo, tenemos que buscar novedades”, lamenta Martín.
Ya sea de azúcar, barro o resina, el objetivo principal es conservar la tradición de celebrar el Día de Muertos, una de las más antiguas en el país y que después de más de medio siglo en esta familia se preserva. “Hay sobrinos que están interesados, de mis hijos la más chica ya quiere empezar a trabajar, pero por ser tan chica no se ha podido incorporar bien al negocio, pero sí quiere”, relata; por parte de su sobrina, la tercera generación de los Mendoza Salazar y quien creció entre los pasillos de los puestos de Día de Muertos, repite la experiencia con sus hijo, “ahora ellos son los que andan aquí y les inculco celebrar este día”, expresa.