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Análisismiércoles, 8 de abril de 2026

La pista / El cuello del mundo: Ormuz

El conflicto en Medio Oriente ha vuelto a colocar en el centro una pieza geográfica que pocas veces aparece en la conversación pública, pero que tiene un impacto directo en la economía global: el Estrecho de Ormuz.

Irán ha utilizado históricamente esta zona como herramienta de presión. No se trata solo de una amenaza militar, sino de una advertencia económica. Limitar o cerrar Ormuz no solo afecta a sus adversarios, altera el equilibrio energético global.

El impacto es inmediato. El precio del petróleo sube y con él se activa una cadena de efectos. Energía más cara implica transporte más caro, producción más costosa y, eventualmente, inflación.

La suma de estos factores configura un entorno de alta presión. Rutas energéticas bajo amenaza, potencias militares en alerta y mercados reaccionando en tiempo real. No es solo una guerra regional, es un sistema global tensionado.

Y mientras eso ocurre, hay otra imagen que contrasta. Desde el espacio, la Tierra se ve en silencio. La misión Artemis II recorre su órbita siguiendo trayectorias precisas, ajena al ruido político, observando un planeta que desde arriba parece en calma.

Pero abajo, en ese mismo planeta, el flujo de energía, las decisiones militares y los equilibrios de poder están en movimiento constante.

México no es ajeno a esa dinámica. Aunque produce petróleo, sigue dependiendo de combustibles importados, especialmente gasolinas. Eso lo vuelve vulnerable a choques externos. Un incremento en los precios internacionales se traduce rápidamente en presión interna.

Hay un problema adicional. México no cuenta con reservas estratégicas suficientes para amortiguar una crisis prolongada. En un escenario de tensión, el margen de reacción sería limitado.

En este contexto, el estrecho deja de ser solo un punto en el mapa y se convierte en una herramienta de poder. No se necesita disparar para generar impacto. Basta con controlar el flujo de energía para alterar decisiones económicas y políticas en todo el mundo.

Porque en el mundo actual, la geografía sigue siendo poder. Y hoy, ese poder pasa por un solo lugar. Ormuz.

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