La descentralización no sólo debe ser en el centro del país, sino también en los Estados. No debemos permitir incurrir en aquel mega error del centralismo exacerbado que ha conducido a la capital del país a tener esas proporciones monstruosas y de obesidad insufribles.
Las nuevas ANP abarcan bosques, humedales y zonas ecológicas clave para la conservación de la biodiversidad y el cuidado del agua en distintas regiones del estado
Del Día Internacional del Beso al Día Mundial de Los Simpson, la semana del 13 al 19 de abril reúne fechas destacadas en distintos ámbitos sociales y culturales
Elaborado a partir del clásico chimbo y el marquesote, este helado artesanal se posiciona como una deliciosa opción para disfrutar el sabor tradicional de Chiapas
El tema de las semanas recientes es la conveniencia o no de la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México (NAICM). He procurado leer la mayor cantidad posible de razones que nos comparten los “comentócratas” en los programas radiofónicos y televisivos; he procurado también leer los artículos y las columnas en los periódicos y revistas. Es un asunto que tiene diversas aristas. Desde la perspectiva técnica, la política, la ambiental, y muchas otras. No es fácil formarse una idea clara sobre el particular, y aunque sí tengo una posición definitiva al respecto, voy a tratar de dilucidar varios puntos:
Me queda claro que los intereses económicos son enormes; que favorecen principalmente a las 5 grandes empresas que detentan más del 80 por ciento de los contratos hasta hoy otorgados. Pero también me queda claro que se trata de una enorme estafa puesto que sin haber un proyecto ejecutivo perfectamente razonado y viable, ya le fue otorgada a la Secretaría de la Defensa, en sub-contrato, la construcción de la barda perimetral cuando aún no se conocen a ciencia cierta –bueno, ya y tendrán que demoler parte de esa barda ya construida- los requerimientos de las pistas de aterrizaje –una de ellas ya quedo fuera del área perimetral inicial-. Escuchaba a un comentarista que decía que el Estado debía hacerse cargo de lo que ya se había comprometido con anterioridad el gobierno actual. Nada más equivocado y falso que ello. Por supuesto que si una obra está mal hecha, o un proyecto está errado, y sobre todo si tiene visos de corrupción, por supuesto que un nuevo gobierno tiene no sólo el derecho sino la obligación también de echarlo para atrás y castigar, con las herramientas de la ley en la mano, a los responsables.
Por otro lado, el aspecto ecológico. A quién se le ocurre drenar un lago o, peor aún, llenar su cuenca de arcilla, tezontle y asfalto para hacer posible la construcción de las pistas de aterrizaje y todo el mega edificio. Ya hemos visto el daño que ha significado la desecación del lago –o sistema de lagos, mejor dicho-, sobre el cual está edificada la ciudad de México. Y la megaurbe no se detiene. Continúa creciendo. A ello hay que sumar las decenas de minas a cielo abierto de donde se está extrayendo el material para las obras del supuesto nuevo AICM en el vaso de Texcoco. La deforestación. La invasión a terrenos agrícolas que durante siglos han sido el medio de subsistencia de cientos de familias campesinas y han permitido mantener el equilibrio ecológico de la región. Hay decenas de argumentos que nos han brindado los especialistas al respecto pero que los medios tradicionales de comunicación nos han ocultado. Claro que no se nos da la información clara, completa y objetiva porque el criterio de la población, una población más interesada y enterada, tendría mayores asideros en donde fincar sus decisiones. Pero podríamos aventurarnos a simplificar con la pregunta ¿qué queremos: aeropuerto o agua? Así de sencillo y tremendamente ecocida es la situación.
Se tiene previsto que además del nuevo AICM en Texcoco, se propiciaría la urbanización del perímetro que lo rodea con una probable masa poblacional de alrededor de 6 millones de habitantes con sus consiguientes viviendas. Gran negocio para los desarrolladores urbanos que desde hace un par de décadas por lo menos han comprado esos terrenos a precios mínimos, irrisorios casi, con lo que esperan un enorme y fabuloso negocio; fuera de toda proporción; a costa del daño ambiental, ecológico y de dejar sin agua a la Ciudad de México.
Pero ya para simplificar aún más, por qué no cambiar las perspectivas; salirnos de la inercia de la economía neoliberal y las propuestas de megaproyectos y dedicarnos a descentralizar. Escuchaba que más de un 80 por ciento de la población nacional no ocupa los servicios aéreos. Pero que vive con el temor de que al tomar los servicios terrestres, sean víctimas de la delincuencia en las carreteras. Pero, ¿y si tuviéramos una red amplia y distributiva de trenes de alta velocidad? ¿Mejor infraestructura carretera? ¿Mayor seguridad terrestre?. Leía que por ejemplo alguien que sale de Puebla o simplemente del sur de la ciudad de México, debe estar dos horas antes en el aeropuerto, padecer quizá alguna demora en su vuelo, y llegar 6 horas después a Monterrey o Tuxtla Gutiérrez. Pero, ¿y si hubiera el servicio de los trenes de alta velocidad, y ese trayecto podría cubrirlo en un par de horas ó dos horas y media a lo sumo?
Está en puerta la consulta para que la población decida AICM en Texcoco o no. Creo que es un ejercicio interesante e instructivo para muchas otras decisiones posteriores en el ámbito de una probable democracia participativa. Sería la posibilidad de someter a consulta muchos temas pero también de corresponsabilizarnos en sus ejecuciones? Procurar nuestra madurez cívica y democrática. ¿Qué tal si nos hubieran consultado antes si aceptábamos pagar todos el Fobrapoa? ¿O nos hubieran realmente dado la posibilidad de decidir sobre la Reforma Energética? ¿Sobre la supuesta privatización del agua? ¿Sobre la nueva ley de seguridad interior? Y tantas cosas más. Y otras muchas que están por venir.
¿Y si en el caso de Chiapas nos hubiera consultado el ex gobernador Pablo Salazar la pertinencia de construir ese otro aeropuerto, mega proyecto en su momento, el Ángel Albino Corzo que al 70 por ciento de los chiapanecos nos queda tan lejos y propició el cierre de los pequeños aeropuertos que ya funcionaban adecuadamente y sin duda ahora lo harían mejor de Palenque, San Cristóbal y Comitán?
Traslademos la actual discusión del nuevo AICM a nuestro Estado. ¿Cuándo vamos a discutir y opinar sobre las decisiones políticas locales? ¿El endeudamiento gubernamental que se vuelve responsabilidad social a futuro? ¿Sobre la falta de inversión en infraestructura educativa, de salud –dignas claro-, carreteras, empleo, cultura?
Quizá esa maraña de discusiones y todo ese entretejido de opiniones inteligentes que han detonado las discusiones sobre el AICM nos haga pensar en que lo general debe trasladarse a lo particular –al ámbito estatal y municipal- y aprender a ejercitarnos en la reflexión y las propuestas. Procurarnos la sana actividad de la democracia responsable, participativa, y dejar atrás la vetusta y dañina tradición de la supuesta democracia dirigida e indirecta. Prefiero errar con miles más de ciudadanos que ser víctima de las decisiones equivocadas y dañinas tomadas por unos cuantos. Estoy dispuesto a adelgazar mis antiguos prejuicios equivocados en aras de robustecer los nuevos paradigmas que se me presentan.