—Maestro Ricardo, personaje icónico de la educación en Chiapas, muy buen día. ¿Cuál es su opinión de esta situación que está viviendo el magisterio en esta etapa de transición?
—En ese escenario que usted plantea, ¿cómo lograr que todas estas expresiones en las que está dividido el magisterio, unas más beligerantes o más radicales que otras, encuentren ese anhelado consenso, qué tendría que pasar para que eso suceda?
El trabajo de estos últimos años en el sindicato dejó una imagen muy deteriorada de lo que se tenía, frente al prestigio que el docente construyó por muchos años en su comunidad.
—Y en esta lógica modernizadora ¿estará la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en sintonía con esa nueva dinámica educativa?
Ricardo Aguilar es un hombre profundamente apasionado de la política, con sentido estratégico y visión moderna de la realidad que vive México y Chiapas, lo que le permiten dilucidar con antelación la dinámica del poder y de la sociedad. Y ante ello se reinventa cada día.
Conoce como pocos las entrañas del magisterio, en el que ha participado en sus inicios desde las juventudes rebeldes de la histórica y combativa Normal Rural Mactumactzá, de la cual egresó. Como maestro rural fue uno de los fundadores de la corriente democrática magisterial.
Su visión crítica y su persistencia en la lucha lo ha llevado a ocupar espacios en las altas esferas de la política sindical y gubernamental, como director de Relaciones Interinstitucionales del Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, así como de la Confederación de Educadores Americanos, y como extitular de la Secretaría de Educación durante dos administraciones, en los que la gobernabilidad del país y del estado pasó sin duda por el tema educativo.
Recientemente y desde el ámbito ciudadano ha continuado su misión. Con la participación de destacados personajes en la entidad, ha sido impulsor de novedosas propuestas ciudadanas como las agrupaciones Unidos por Chiapas hace casi dos décadas y Soluciones por Chiapas, desde las cuales se ha diseñado una Agenda Ciudadana para el cambio; y de proyectos renovadores, como Maestros por México y Redes Sociales Progresistas, entre otros.
Es de los pocos personajes que, como el albatros, navega mejor en las tempestades que en momentos calmos y hoy, en una etapa de incertidumbre y expectativa ante la redefinición del modelo educativo nacional y las luchas intestinas al interior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) por definir sus caminos estratégicos, nos concede una entrevista para expresar su punto de vista sobre éste y otros temas.
—El gobierno que está por terminar, quizás por propósitos de carácter político o de carácter electoral, y por presiones de grupos económicos que han tenido siempre el interés de meterse en la vida educativa de México, nos trastocó de tal forma el propósito educativo que terminó lesionando no solo el interés que tenía México de contar con una propuesta educativa de largo alcance, si no que engendraron además una propuesta fundamentalmente de carácter laboral que redujo el margen de la presencia del sindicato en las tareas educativas de México y lesionaron con ello el derecho laboral de los trabajadores de la educación. Entonces, creo que hubo una mala percepción porque realmente dañaron la posibilidad de construir la gran tarea que era necesaria e impostergable.
Me parece que el proyecto quedó trunco en la medida que simularon una transformación que no fue educativa, sino profundamente laboral y lo hicieron mediante un gran proceso de simulación en donde los trabajadores de la educación no participaron. En esta lógica, por supuesto no cumplimos ni el propósito fundamental de lo que requeríamos hacer, ni en una reforma quizás, necesaria para México.
En este planteamiento termino diciéndote que es necesario sin duda una gran transformación educativa para el país, es necesario ligarla a la gran visión que le necesitamos dar a la Nación, que está entre las veinte mejores y más desarrolladas del mundo y por supuesto hacerlo con los consensos necesarios de una sociedad crítica, pujante y dinámica como la que está viviendo México.
—El uso que hicieron del SNTE los últimos dirigentes dejó desprovista la tarea fundamental del sindicalismo, que es cuidar del trabajador y mejorar sus condiciones de vida. En ese sentido no hubo una visión del papel importante, trascendente, protagónico y de actor directo que tenía que tener el trabajador de la educación frente a su materia de trabajo y frente a los compromisos sociales de una comunidad que a veces tiene demasiadas carencias.
Entonces, ahora no podemos seguir con esa lógica de desprestigiar lo único que tenemos que dan un sustento social que son los maestros, y a todas aquellas instituciones como el Ejército y muchas otras que dan sentido, congruencia y racionalidad al pueblo de México. No las podemos desprestigiar de manera vil, porque entonces nos quedamos sin los íconos morales que requiere una sociedad para que tenga los consensos necesarios y mantener así los tejidos necesarios para la gobernabilidad nacional.
Aquí lo que me parece muy importante es preguntarnos cómo vamos a poner en el centro de las cosas un tema fundamental como la reivindicación del maestro, tenemos que pensar en moralizar de nueva cuenta la tarea docente, incorporando a todos los actores que tienen que ver con el diseño de las preocupaciones fundamentales de la población.
—Todos tenemos que estar preparados para estos nuevos momentos de este mundo diverso, moderno, ágil, dinámico y complejo; y, esto exige al político, tener muy abiertos sus sentidos, sus preocupaciones, sus reflexiones de cómo tenemos que ver a todos los actores que están en el escenario: radicales, moderados, conservadores, religiosos, etcétera.
O sea, este es un nuevo mundo diverso y tenemos que entenderlo en el marco de la diversidad y complejidad, y en eso me parece el Presidente electo tiene una frase que me gustó y que precisamente planteó acá, en Chiapas, en un foro educativo, donde dijo: “Frente a tantos problemas, habrá diálogo más diálogo, si se acaba el diálogo, habrá más diálogo”.
Considero que es el aspecto fundamental que le debe de dar sentido y congruencia a la política. Ya no se puede, y él mismo nos lo ha dicho de manera directa, de que no se volverá a hacer uso de las fuerzas policiacas y armadas, para contrarrestar los conflictos sociales, o tratar las diferencias entre unos y otros de manera violenta. Creo que ese gobierno autoritario ya no es parte de la modernidad política que exige México, por el contrario forma parte de las prácticas viejas que hay que dejar atrás.
Tenemos que vernos, incluirnos todos y saber que todos somos diferentes. Que en nuestras casas tenemos diferencias con un hermano o con otro, porque uno es de una religión y otro es de otra, o uno le va a un partido y otro a otro. Si hay tantas diferencias en una casa, hay diversidad pues sin duda en un Estado y en un mundo tan complejo encontraremos esa diversidad más vigorosa que, más allá de verlo como un obstáculo tenemos que verla como otra oportunidad de inclusión y de transformación.
Son tiempos de gobiernos tolerantes que no caigan en la idea de, ahora voy contra éste, porque no me apoyó, o, ahora me voy contra éstos, porque no están de acuerdo conmigo, esa sería una visión muy disminuida del nuevo quehacer político, que debe haber ideas claras de cómo enfrentar estos nuevos momentos.
La política no es más que el instrumento de hacer lo posible, con lo deseable. Y respecto a los compañeros de la Coordinadora podrán tener defectos y virtudes también, y como tal, creo que tenemos que tener una idea muy clara, todos somos necesarios en un mundo moderno, incluyente y ciudadano, México será grande en la medida que sepamos respetarnos unos y otros, aceptar al diferente fortalece nuestra vida democrática.