Un niño y un volcán
Un niño y un volcán CRÓNICA
ABENAMAR SÁNCHEZ
Cuenta Eduardo Álvarez que poco antes de la erupción del Chichonal en marzo de 1982, en el norte de Chiapas, se tapó un respiradero natural que tenía el volcán casi en la cima, a cinco kilómetros del pueblo de Francisco León.
Hombre cercano a los 70 años, dice que cuando de ese respiradero cesaron las lenguas de fuego, la gente de Francisco León empezó a temer por su vida, porque se ubicaban al pie del volcán, en la ribera del río Magdalena.
Entonces, dieron parte a las autoridades, pero no les hicieron caso hasta que estalló el volcán y mató a cerca de dos mil personas en el lugar, incluidos a los militares que habían sido enviados para repartir alimentos y socorrer a las familias.
La lluvia de fuego había dejado convertido en un infierno esa parte del municipio.
SENDEROS DE MUERTE
Comenzó a sentirse el hedor de animales muertos y la tierra era más caliente conforme el sendero se acercaba al volcán.
Jamás llegó.
Y ahora que pronuncia esta palabra, a 37 años de la erupción, sus ojos se llenan de dolor. Se asoman las lágrimas.

























