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Chihuahua4 de abril de 2025
Análisislunes, 31 de marzo de 2025

De la salud de Dinamarca a las caravanas de la corrupción 

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En los últimos años, los chihuahuenses han sufrido los efectos de una política nacional que, en lugar de fortalecer el sistema de salud, lo debilitó a niveles alarmantes. Morena, con su mayoría en el Congreso, aprobó recortes sistemáticos que dejaron a hospitales sin medicamentos, a clínicas sin personal y a miles de familias sin atención oportuna. No fue un error: fue una decisión consciente. Decidieron recortar, decidieron centralizar, decidieron cancelar lo que funcionaba sin garantizar nada mejor.


Las consecuencias están a la vista: un IMSS y un ISSSTE colapsados, médicos residentes sin salario, turnos sin cubrir, pacientes esperando horas por atención o saliendo con las manos vacías porque no hay ni paracetamol. Esos recortes no son una anécdota presupuestal. Son la diferencia entre una consulta a tiempo y una enfermedad agravada. Son la diferencia entre vivir o morir. Y mientras todo eso ocurría, quienes hoy se promueven como benefactores guardaron silencio, votaron a favor y se alinearon a su partido.


Y ahora, quienes fueron parte de esas decisiones pretenden presentarse como salvadores. Una senadora morenista por Chihuahua recorre el estado en caravanas con medicamentos que deberían estar en hospitales, montando un espectáculo personal disfrazado de ayuda social. Como si repartir lo que previamente negaron fuera un acto de bondad y no de cinismo.


La operación es clara: generar visibilidad personal con claros tintes electorales, aprovechándose del abandono que ella misma ayudó a construir. Las unidades médicas utilizadas son propiedad de FMedical, empresa ligada a Fernando Padilla Farfán, empresario cercano a Adán Augusto López y promotor de campañas espectaculares de Morena. El costo estimado de operación es de 10 millones de pesos mensuales. No hay licitación, no hay informe, no hay transparencia. Sí hay vínculos, sí hay intereses, sí hay candidatura adelantada.


¿A quién le conviene que el sistema público colapse? A quienes encuentran rentabilidad política en la escasez. A quienes convierten las carencias en oportunidad de promoción. A quienes no saben construir instituciones, pero sí saben aprovecharse del vacío.


No es salud, es propaganda. No es atención, es simulación. Y mientras eso ocurre, las instituciones públicas siguen padeciendo falta de insumos, de médicos, de mantenimiento. Porque los verdaderos problemas no se resuelven con espectáculos móviles, sino con políticas responsables, presupuestos suficientes y compromiso con el servicio público.


La salud no se simula. Se defiende. Se construye. Se garantiza con hechos, no con giras de promoción personal. Porque con la salud no se juega. Porque con la necesidad de la gente no se hace campaña.

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