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Análisisviernes, 20 de marzo de 2026

¿Realmente se requiere una reforma electoral hoy?

En este contexto, surge la propuesta de una reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Y la pregunta es inevitable: ¿es este el momento adecuado para abrir ese frente?

Nuestro sistema electoral, como cualquier otro, es perfectible. Existen áreas de oportunidad que deben revisarse con seriedad. Sin embargo, no enfrentamos una crisis electoral ni un problema estructural que ponga en duda la legitimidad de nuestras elecciones.

Uno de los principales argumentos para impulsar ahora un Plan B es el supuesto ahorro. Vale la pena cuestionarlo: ¿realmente queremos abaratar nuestra democracia? ¿Es el costo el problema central?

La democracia implica costos: garantizar equidad, certeza y confianza institucional. Reducirlos sin un análisis profundo puede debilitar aquello que ha dado estabilidad política al país por décadas.

Si el objetivo es generar eficiencias, existen frentes mucho más relevantes. Proyectos y empresas paraestatales como PEMEX, ofrecen oportunidades mucho más significativas para optimizar recursos y fortalecer las finanzas públicas.

Hoy, abrir este debate puede desviar la atención de lo verdaderamente urgente: seguridad, crecimiento económico, certidumbre jurídica y Estado de derecho.

México necesita claridad en sus prioridades. Antes de modificar las reglas de competencia política, debemos garantizar condiciones básicas de estabilidad y desarrollo.

El llamado es claro: concentrar esfuerzos donde más se necesitan.

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