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Localmiércoles, 6 de febrero de 2019

Cristal , la droga que lleva al "paraíso"

Palabras directas de un ex adicto

Saúl Ponce

Auxiliar en la clínica de rehabilitación del grupo Amar, Luis se define a sí mismo como “un milagro de Dios” al dejar de probar la droga y porque ahora se dedica a brindar apoyo a otras personas que estuvieron en su misma situación.

“Al principio fue algo muy bonito, fue algo muy bonito… fue como entrar a algo desconocido, pero muy bonito. Ya después de algún tiempo de empezar a consumirla, pues ya cambia su vida totalmente, o sea, da un giro de 180 grados de estar bien a estar peor”, sintetiza.

Convivir con amigos adictos lo llevó por la senda de la autodestrucción. Él veía cómo sus compañeros derretían una sustancia y cómo ésta se solidificaba, por lo que sintió curiosidad de experimentar con ella.

“Entonces cuando yo le fumé fue algo bien bonito, me sentí haga de cuenta como si me dieran la semilla del ermitaño de Gokú”, relató.

Lo placentero fue un espejismo. Luis se transformó en un ser perezoso e improductivo, que exhibía un mal comportamiento y se metía en líos constantes por sostener su adicción; también dejó de comer y empezó a acariciar pensamientos e ideaciones suicidas.

Sus efectos, detalló, son la pérdida de sueño y del apetito, y los delirios de persecución. Resulta adictivo sobre manera por las mismas sustancias de que está compuesta, señaló el entrevistado.

Celis aseguró que de cada 10 pacientes atendidos en el centro de rehabilitación, nueve consumen el cristal. Esto se debe, subrayó, a que sus efectos placenteros duran más tiempo. “Haga de cuenta que usted toca el cielo”, aseguró.

También, expuso que la mayoría de los adictos provienen de hogares sostenidos por una madre soltera.

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