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Localjueves, 5 de octubre de 2017

Crónica de una tarde de octubre de 1968

El relato de César Rodríguez López

El Heraldo del Noroeste

Una tarde de pueblo y esperanza.

Penetramos por la plaza y no se notaba nada raro, era un ambiente popular, porque había muchos estudiantes, pero también gente de pueblo. Pueblo pueblo, no vaciladas.

Pero cuando comenzaron a tomar la palabra, uno de los oradores avisó que el Ejército estaba rodeando la plaza e invitó a hacer el mitin y retirarse pacíficamente. Luego helicópteros y el movimiento de pinza. Caos en cuestión de minutos.

Un mar de gente huyendo de las balas.

Fue fuego cruzado, la multitud comienza a esparcirse, cunde el pánico y hay personas atropelladas.

Lo primero que hice yo, fue sacarle la vuelta a la brigada, regresando al estacionamiento del edificio Coahuila. En ese momento el Ejército venía cerrando y generó una enorme ratonera.

Los tres que venían conmigo alcanzaron a escapar del cerco, pero yo venía hasta atrás cuando vi llegar a un soldado que bajó su metralleta y comenzó a disparar indiscriminadamente a la multitud, lo que pude hacer fue tirarme debajo de una camioneta.

Estuve con unas damas agazapado en la parte detrás de la camioneta, mientras escuchaba los disparos y veía la desbandada. Ellas quisieron salir corriendo, yo regresé mis pasos por todo el estacionamiento del edificio Coahuila, hasta llegar a él.

En ese momento venía conmigo una chiquilla que estaba histérica, porque había perdido a su hermana y le apoyé para subir las escaleras del edificio.

Buscando refugio con desesperación.

Tocaba a los departamentos pero había grupos de 30 o 40 personas y ya no cabíamos, nos mandaban a buscar otro refugio.

¿Cómo se sintió en ese momento de no encontrar refugio y escuchar las balas?

“Con mucho coraje y miedo”.

Intenté subir una segunda escalera del edificio, hasta que un chamaco de unos 15 o 16 años nos abrió la puerta y nos invitó a entrar, ahí había 40 personas aterrorizadas escuchando una fuerte balacera.

No teníamos certeza de lo que estaba pasando, hay quienes entre los que nos hacinamos en el departamento, que decían que los militares habían barrido (acribillado) gente en la tienda, en la panadería e incluso niños chicleros.

Fuimos a la zona de basureros, depositamos la basura y de ahí simplemente era cuestión de dar vuelta para llegar a la avenida Tlatelolco y de ahí caminar hasta los trabajos de mi papá y una tía quienes me facilitaron dinero para llegar a casa.

“La historia la escriben los vencedores, pero esta es una historia de derrotados”.

Hasta el día 4 vi las noticias, es cuando comienza a presentarse la información oficial. Tres periódicos hablaban de 16 a 20 personas muertas, incluso hablaban de soldados muertos, yo sabía que no era cierto.

¿Qué pensó al ver la información oficial?

Sabía que no era cierto, me dio mucho coraje, mucha rabia, yo vi caer gente, mucha gente que conocí definitivamente desapareció, no supe más de ellos. Es la historia más negra de México después de la matanza del templo de Tlatelolco en el siglo XVI.

¿Qué le quedó grabado en la memoria de ese día?

Definitivamente algo que me queda claro, es que la clase política en México puede dejarte el dinero que tú quieras, pero nunca te dejará el poder, lo defiende con las garras.

¿El gobierno tuvo miedo de los jóvenes?

Imagínate, la mayor cantidad de muertos proviene de la vocacional 7, preparatoria técnica del IPN, ahí te das cuenta que cayeron chavitos de los 15 a los 20 años máximo.

¿El 2 de octubre no se olvida?

Te queda marcado para siempre, es parte de ti, los que estuvimos ahí lo entendemos perfectamente.

¿Qué decirle a las nuevas generaciones sobre ese acontecimiento histórico?

Hay que leer la historia de México, la real, para darse cuenta de lo que ha sucedido. Para mí es increíble que después de lo que hemos vivido todavía haya gente que siga votando por el PRI.

Una historia, un aprendizaje más.

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