México en 1975 fue la sede de la primera de las conferencias mundiales sobre la mujer; le siguieron otras tres, en Copenhage, en Nairobi la tercera y la mas reciente en Beijing.
Pero queda un punto que atrás apenas lo esbocé: no debe hablarse de violencia de género sino simplemente de violencia. Porque ¿qué sucede cuando es una mujer la que ejerce violencia en contra otra?
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América, Europa, Africa y Asia han sido los continentes en donde se han llevado a cabo seminarios, paneles, coloquios, conversatorios y conferencias, tendientes a que la igualdad entre el género masculino y femenino deje de ser teórica y pasa al terreno de lo práctico reivindicando la mujer sus derechos que, perdón por el pleonasmo y la jerigonza, en derecho y por derecho le corresponden.
Las marchas que se realizaron en el mundo con motivo del día internacional de la mujer, reconocido desde hace muchos años como el día oficial de conmemoración por la Organización de las Naciones Unidas, tuvieron como característica el uso de vestimentas de color morado.
El significado del color morado, es la lucha feminista por la igualdad de género, la justicia, la dignidad y la denuncia contra la violencia, -la violencia- (no hablo de la violencia de género) y como dicen los antecedentes históricos, tiene su antecedente en el movimiento de las sufragistas en Reino Unido, en los albores del siglo XX, y el color procede del humo de color violeta o morado que surgió a partir del incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en 1911, una fábrica de confección de camisas que tenía su sede en nueva York y que se incendió el 25 de marzo, y adquirió esa tonalidad or la mezcla de las anilinas y teñidores.
La historia de la adopción del color morado, procedente de este evento del Edificio Brown en Nueva York, va por supuesto más allá de la quema de los comburentes pues tiene que ver con la lucha de las mujeres empleadas en la fábrica -mas de quinientas- que tenía una jornada laboral excesiva, pues se alargaba por nueve horas de lunes a viernes y los sábados eran siete horas de trabajo, y sus dueños, dos inmigrantes judíos no tuvieron consideración con las mujeres que laboraban en su fábrica, pues incluso cuando se produjo el incendio, todas las puertas y ventanas estaban cerradas porque trataron de evitar que se produjeran robos.
123 mujeres murieron en ese terrible incendio, unas arrojándose desde los pisos 7, 8 y 9 y otras más por asfixia y quemaduras, sin que fuera especialmente relevante la causa del incendio -unos dicen que se originó por una colilla de cigarrillo mal apagada y otros que se inició por un cortocircuito en una máquina de coser- pues son hipótesis que nunca fueron confirmadas de manera absoluta, porque lo más importante es que el incendio y muerte de esas 123 mujeres en la Fábrica Triangle Waist Co. Es que sacó la luz las condiciones inhumanas de trabajo de las mujeres que prestaban allí sus servicios. Trabajadoras mártires no cabe duda, y de las que poco, muy poco de hace referencia en un día tan importante como es el 8M que es el numerónimo especial de la conmemoración (8 de marzo).
Las marchas del 8M en todo el mundo tuvieron como predominancia ese color morado, aunque también se sumaron movimientos pro abortistas simbolizados por mujeres con indumentarias como pañuelos y mascadas de color verde, también en España, por ejemplo, las mujeres pro-comunista, que enarbolaron respectivamente corrientes que si bien tienen relación con los derechos feministas, en realidad son tendenciosos y parciales porque están a favor de la muerte del producto de la concepción provocado por la madre, en un derecho cuestionable de disponer de su cuerpo, cuestionable porque pueden disponer del suyo pero no del de alguien que tiene vida propia, personalidad propia, identidad propia, carne de su carne y sangre de su sangre pero no es de su propiedad, y tiene derecho pleno a la vida como lo tuvo en su momento su creadora, y en el caso de las pro-comunistas porque se alejan de reclamos naturales como jornadas excesivas de trabajo y desigualdad de salarios, para proyectar como soluciones posibles la adopción de un régimen igualitario, pero intrínsecamente perverso como es el comunismo que parte del materialismo absoluto dialéctico, que encierra en su propia definición su falsedad e inconsistencia, simplemente porque si es absoluto, no puede ser dialéctico, ya que con la dialéctica -Hegel lo explicaba bien- es imposible hablar de absoluto.
Concluyo la idea: La dialéctica se basa en un silogismo simple: Tesis, antítesis y síntesis, en donde la tesis es la conciencia de clase, la existencia de la pobreza y la marginación de manos de la burguesía; se revierte el punto con la lucha de clases (antítesis) para que los proletarios sean reivindicados y pasen a ocupar el lugar que les corresponde en la sociedad de clases, y culmina (síntesis) con la dictadura del proletariado.
Pero como la cosa es dialéctica, resulta que los que eran proletarios antes, hoy sin burgueses y éstos se volvieron proletarios, y luego entonces, sobreviene de nuevo la conciencia de clases, la lucha de clases y la dictadura del proletariado, donde los antiguos burgueses vuelven a recuperar su posición.
Luego entonces ese materialismo no puede ser absoluto y dialéctico, y allí se encuentra el gran error de la filosofía de Carlos Marx. El Marxismo abrevó de los pastizales de Kant y de Hegel, pero no hizo bien la digestión y engendró un sistema fallido. Por eso las tendencias que acabo de señalar, las considero tangenciales al movimiento reivindicatorio feminista.
Las dos pertenecen al mismo género -femenino- y peor aún, no se puede circunscribir a la violencia de género cualquier acto en el que se encuentre envuelta una mujer como presunta víctima, porque surge otra cuestión: ¿cuándo una mujer violenta a un hombre, no hay violencia de género?
Luego entonces sería conveniente analizar la correcta terminología en estos temas pues lleva a las confusiones, a los errores y a generar polémicas y discusiones donde no debe haberlas pues los derechos y las obligaciones de mujeres y hombres deben ser iguales, por eso se habla -a mi juicio correctamente- de equidad de género. Violencia es violencia, sin establecer la distinción por razones de género, porque en todo caso se parcializaría con el vocablo para circunscribirla exclusivamente en el caso de que la mujer sea violentada en cuyo caso mejor sería hablar clara y directamente de violencia contra la mujer. Pero bueno, cada quien tendrá su opinión.
Lo importante, lo verdaderamente importante es que entendamos, todos, que hombres y mujeres no somos antagonistas, somos protagonistas de la sociedad, no somos rivales, ni tampoco iguales en sentido lato, somos complementarios y finalmente aglutinando conceptos, todos somos humanos, tenemos el mismo origen -claro para los que somos creyentes- y debemos cumplir con la máxima bíblica: “Amaos los unos a los otros, como yo os amo”. Cambiemos el resentimiento y el odio por el amor, pero un amor auténtico por el prójimo. Incluyo por aquella tendencia Foxiana decadente del lenguaje, a las “prójimas”, a las mujeres que son, a mi juicio, las obras mas perfectas de la creación. Lo he dicho en mis conferencias sobre el tema: Cuando Dios hizo a la Mujer, le dijo a su asistente: “no me pases llamadas” porque voy a hacer algo perfecto” y si alguien conceptualmente machista no está conforme, le platicaré que en una ocasión una alumna mía en la Universidad Panamericana, me preguntó si yo sabía porque Dios hizo primero al hombre y luego a la mujer y ante mi desconcierto por la naturaleza de la pregunta -yo impartía la clase de Derecho Romano en la Facultad de Derecho de la U.P.- de inmediato me dio la respuesta: “porque echando a perder se aprende Maestro”, con la sisa de todos los compañeros de clase incluida la mía por la ocurrencia.
Quise terminar con estos recuerdos el tema porque no quiero que mis lectores se quedan con ideas polémicas, sino con la idea central: sexo femenino y sexo masculino no sin rivales, son co-protagonistas en la película de la vida, con interpretaciones distintas, pero complementarios unos y otros y saber el porqué del uso del color morado en las marchas. Abur.