El 12 de julio se conmemora el Día del Abogado en México, en recuerdo de la primera cátedra de derecho impartida en el país en 1553 en la Real y Pontificia Universidad de México. Esa cátedra fue impartida por fray Bartolomé Frías y Albornoz.
Fecha memorable por tan trascendental hecho histórico que desafortunadamente en estos días nada hay que celebrar al respecto, ya que ni los colegios, barras y asociaciones de abogados ni las escuelas públicas y privadas, han hecho el más mínimo esfuerzo para defender la República Mexicana, hoy impunemente destrozada en nombre de una supuesta democracia, siendo solamente en un demencial capricho de alguien enajenado al que le responden la clase política de los encumbrados que solo han buscado el éxito político pasando sobre todos los valores cívicos y morales aun en su perjuicio el día de mañana y desde hoy a sus propias familias, pero que desafortunadamente la política mexicana de por lo menos 30 años a la fecha, los políticos en el afán de acceder a los cargos públicos y enriquecerse como ha sido la generalidad de los políticos que sin la más elemental dignidad se han prestado a la manipulación y destrucción del orden jurídico de este país y del que al parecer nadie se da cuenta, que todo se consciente, no obstante el innegable deterioro en todos los sentidos de la administración pública en perjuicio de todos los estratos sociales al margen de que se han sometido a toda clase media, la clase alta no deja de tener perjuicio aunque sostiene su nivel de vida que la ha hecho tolerar y consentir estos agravios tangibles y visibles.
Es tan espectacular el contraste de aquel hecho histórico del nacimiento de la enseñanza del derecho en nuestro país frente a la destrucción del orden jurídico por una mayoría descalificada por su quehacer por una institución jurídica como lo es la electoral, que con el más descastado cinismo se violenta el derecho y se fijan arbitrariamente reglas sin facultad alguna, al grado de un cinismo espectacular de validar lo ilegal esbozando unos discursos por demás incongruentes, ilógicos y por ende con un ridículo único con la más elemental falta de respeto a la inteligencia del tan llevado y traído pueblo disque sabio, en nombre de una falsa democracia justificada anta la celebración de un proceso electoral disque millonario de electores que en proporción al padrón nacional de electores, además de las violaciones legales en la emisión de los sufragios, de ninguna manera se legitima la voluntad de todo el pueblo mexicano en la elección de los más descalificados Ministros, Magistrados y Jueces con alguna honrosa excepción que pudiera darse, porque a la vista de todo el mundo y declarado por una institución pública legitimada autorizada como es la Universidad Autónoma de México que desconoce el grado académico de quien indebidamente ostenta el grado de abogada y de ministra de la Suprema Corte, y que será encabezada por un indígena que su origen no lo demerita en lo más mínimo, pero si su trayectoria profesional y la carencia del requisito legal establecido en la Constitución de tener cedula profesional de abogado y que la más irreverente presidenta del Instituto Nacional Electoral con una exhibición totalmente indecorosa de un cargo de esa envergadura que debió de haberse asignado por los incongruentes Senadores de la República y que han consentido las arbitrariedades que sistemáticamente ha realizado durante el desempeño de su cargo.