¡Cuidado con los que nos escuchan!
¡Cuidado con los que nos escuchan!
David Sotelo Rosas
Cualquier madrola sirve para que entienda que deba apartarse. Pero la orden imperativa y expresa de que se vaya “hasta Pillford” no se le olvidaría ni la perdonaría jamás.
Sin embargo, el consejo no se modifica por la modernidad. Desde los tiempos en los que no existían las grabadoras, los políticos cuidaban su expresión.
No podemos imaginar que Lincoln, Juárez, César, Luis o muchos otros de la antigüedad anduvieren defecando por la boca nada más porque faltaban siglos para inventar los teléfonos, las grabadoras, las intervenciones y los “pájaros en el alambre”.
Aclara que él no lo inventó sino que tan solo recopiló las décadas de enseñanza de la clase política mexicana , la más inteligente y fina de todo un siglo latinoamericano.
Adolfo Ruiz Cortines cuidaba sus palabras como si arruinara joyas. Sus expresiones solían ser precedidas por un “yo creo”, “yo pienso” o “yo siento”.
Y es que las palabras, en realidad, para bien y para mal, son verdaderas joyas . Bien cuidadas y bien invertidas nos convierten en magnates llenos de riqueza y de poder.
Mal guardadas por nuestro descubierto o robadas por algún fisgón, pueden llevarnos a la quiebra política, al desprecio general ya la derrota irreversible.
Por eso, mis amigos, recuerden que la boca es para comer no para zurrar y que, jamás, hay que comer donde se caga. Valle".
GALINDO OCHOA, Francisco. EL ÚLTIMO DINOSAURIO. Academia Nacional, AC, págs. 43-45.















