El Redentor
Acapulco siendo un lugar pródigo y por naturaleza rico, ha sido agredido, vapuleado y depredado por las mismas autoridades (que a su paso) año tras año deberían haberlo protegido garantizando la paz, y con ello el progreso.
Específicamente en el caso de Acapulco las autoridades no pueden ni deben minimizar los trágicos sucesos, y manifestar esas ideas trasnochadas que bien saben, que no son y no serán nunca la panacea que limpiará el municipio de esos actos cada vez más violentos.
No me puedo explicar por qué los gobiernos (todos) no entienden que la violencia gira alrededor de la corrupción, y para que la balanza funcione y pese correctamente tiene que haber un equilibrio, que es obvio que no quieren encontrar.
Y mientras el pueblo vive temeroso y horrorizado, pero también vive como triste espectador, inerte y silencioso, surge la genial pregunta que le da vueltas en la cabeza a Adelita: ¿Quién quiere ser el redentor y no salir crucificado? ¡Vale la pena reflexionarlo!