Localsábado, 7 de junio de 2025
Alan Arieta caracteriza a “Hannah Flex” en el escenario
Ha enfrentado homofobia, exclusión y discriminación en el escenario
Pedro Andalón

Desde pequeño, Alan Arieta supo que su forma de ser y de sentir no encajaba en las etiquetas que la sociedad le imponía. Con el paso del tiempo, y tras superar sus propios miedos y prejuicios, encontró en el escenario un espacio de libertad. Allí nació Hannah Flex, un alter ego potente, audaz, fuerte y expresivo que lo conecta con su verdadero yo y con el público.
Como Hannah Flex, Alan despliega toda su energía y pasión. Su arte es su escudo y su espada; con cada actuación rompe las barreras de la discriminación, la homofobia y la exclusión que aún lo rodean. A pesar de los crímenes de odio que empañan su entorno, Alan se mantiene firme, sabiendo que su camino está lleno de desafíos pero también de conquistas.
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El aplauso y las sonrisas de su público son el combustible que lo impulsa a seguir adelante. Cada paso que da sobre el escenario es un acto de resistencia y de amor propio, una declaración de que, a pesar de las piedras, nada ni nadie podrá detener su arte ni su voz. Hannah Flex no solo es un personaje, sino la mejor versión de sí mismo: auténtico, libre y valiente.
Hoy, Alan sabe que está en el camino correcto. Su historia de vida es una historia de lucha, de resiliencia y de triunfo frente a la adversidad. Porque en cada paso que da, en cada nota que canta o en cada gesto que regala al público, deja claro que el amor por lo que hace es más fuerte que cualquier odio que intenten silenciarlo.
En México, el arte drag ha florecido en las últimas décadas como una expresión artística vibrante y subversiva. A través del maquillaje, el vestuario y la interpretación, las drag queens no solo desafían las normas de género, sino que también transforman el escenario en un espacio de resistencia y libertad. Para muchas, el drag es una manera de resignificar su identidad y encontrar una voz en una sociedad que, a menudo, las margina.

Las drag queens mexicanas llevan en su arte una mezcla de tradición y modernidad. Incorporan elementos del folclore, la cultura popular y la música regional para crear shows que conectan con el público y reflejan la diversidad del país. Sus presentaciones, que van desde cabarets hasta grandes escenarios, se han convertido en un vehículo poderoso para visibilizar las luchas de la comunidad LGBTQ+.
No obstante, ser drag queen en México también implica enfrentarse a retos significativos. La homofobia y la transfobia siguen presentes en muchos sectores de la sociedad, y las drag queens suelen ser objeto de discriminación y violencia. A pesar de ello, continúan alzando su voz y construyendo espacios de apoyo y sororidad, demostrando que el drag no es solo entretenimiento, sino también activismo y reivindicación de derechos.
Con cada pestaña postiza y cada lentejuela, las drag queens mexicanas demuestran que el arte puede ser una herramienta de transformación social. Su valentía y creatividad iluminan los escenarios y también la vida de quienes encuentran en ellas un espejo donde reconocerse y sentirse menos solos. Porque en el México diverso y complejo, el drag es una celebración de la identidad, el amor propio y la libertad.