Análisisviernes, 23 de diciembre de 2022
El pueblo vio una gran Luz
Más Noticias
CARTONES
LOÚLTIMO
Newsletter
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Isaías nació hacia el 765aC. Recibió en el templo de Jerusalén su vocación profética y con ella, su misión de anunciar la ruina de Israel y de Judá en castigo de las infidelidades del pueblo. A diferencia de sus homólogos que fueron «profetas de un rato», pues algunos de ellos, sólo dijeron un poema o una homilía cultual, él ha ejercido su ministerio por unos 40 años. Su padre era un tal Amós, que no debe confundirse con el profeta homónimo. Parece un hombre de carácter decidido. Sin falsa modestia. Se ofrece voluntariamente a Dios en el momento de su vocación.Es un hombre judío, de ahí su interés por la monarquía y por Jerusalén.Es un profeta de la ciudad, pues su modo de hablar de las miserias campesinas no es directo. Aparte que tiene un conocimiento bastante exacto de la capital. Conoce las reacciones que desencadenan los impuestos.Se piensa que su linaje era de la nobleza por su fácil trato con el soberano. Es un personaje políticamente conservador, enemigo de revueltas, aristocrático, no habla en favor de cambios sociales profundos. Defiende apasionadamente a los oprimidos, huérfanos, viudas, explotados y extraviados.Es tan impresionante su estilo que algunos le han otorgado el sobrenombre de el Dante de la poesía hebrea.El libro del profeta Isaías es una de las obras mejor redactadas de su tiempo, nos permite acercarnos a muchos segmentos de la historia nacional, experiencias personales, impostaciones teológicas, perfiles meticulosos, en fin.Sabemos también por los estudios de la Crítica moderna que en el libro que descansa con el nombre del mismo autor, hay por lo menos tres manos, tres Isaías presentes en tres épocas distintas y distantes.La Noche Buena, esa noche que une lo humano con lo divino ofrece una de las piezas más bellas de este gran profeta. Toca temas bellísimos de la teología cristiana.El pueblo, no se trata de un individuo, o de un grupo, de unos cuantos, se trata del pueblo.¡Dios ha querido un pueblo!, que caminaba, caminar es lo que distingue desde su origen al pueblo, es parte de su identidad más profunda, no se trata de un pueblo sedentario, estático.En tinieblas, en medio de la oscuridad, en la espesa niebla, en la noche de los problemas y de la opresión. Vio una gran luz, la luz más grande, la verdadera, la luz por excelencia es Cristo el Señor que se manifiesta para iluminar. Ese es el más bello deseo de navidad: que veamos su Luz.