Análisissábado, 4 de febrero de 2023
Sincera o sin cera
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Entre los siglos V y VI antes de Cristo, los atenienses celebraban ritos en honor a Dionisio, dios del vino, a partir de ahí fueron evolucionando estos actos, hasta constituirse lo que hoy conocemos como el teatro. Los actores griegos utilizaban maquillaje hecho con cera, entonces, antes de ponerse en escena, le preguntaban al director ¿con cera o sin cera?, por si debían maquillarse, o no. Qué interesante, ¿verdad?También cuenta la historia que algunos escultores hacían remiendos con cera y, a los que les salían las esculturas bien, es decir, sin remiendos, les ponían un cartelito que decía “sin cera”, por lo que se entendía que la escultura no estaba parchada.Todo esto me hace reflexionar no solo el origen de la cultura y las artes, sino también en el origen del hombre y su puesta en escena para la vida. Una persona sincera entiendo que es aquella que se da a conocer y actúa de acuerdo con sus creencias, pensamientos, y muestra sus principios de forma transparente, sin cera.Científicamente, es tan importante la cera que, además de cubrir ciertas imperfecciones en el rostro y la piel, es una sustancia que repele el agua, por tanto, no la deja pasar, evita las infecciones por la humedad y también repele el polvo. Ser sinceros con los demás y mostrarse tal cual somos, sin dobleces ni maquillaje, es una gran virtud que se debe desarrollar de forma abierta, franca y verás.En la vida actual las apariencias engañan, los que hoy están contigo mañana te repelen cual cera al agua. Para ser sincero con los demás es necesario empezar por serlo con uno mismo; me parece que una persona sincera, o sin cera, es transparente, franca y mira a los ojos. No aparenta y tiene un estilo de vida que se refleja en una gran virtud, aunque esto no significa que no se deban guardar las normas de urbanidad, de lealtad y discreción, pues la “ropa sucia se lava en casa”.Por consiguiente, la sinceridad como virtud me mueve a decir la verdad, a comportarme conforme a lo hecho, con veracidad, lealtad y rectitud en el hablar y en el vivir, sin hipocresía y sin fingimiento. Originalmente, el hipócrita era uno que actuaba en el escenario con cera, en el sentido de adulterar su identidad.Con frecuencia, al “ponernos en escena” en la vida, nos presentamos con diversas “máscaras”, pero al ser sinceros manifestamos nuestro propio interior, mostrándonos tal cual somos. De esta forma sirvo a la verdad, y al obrar con veracidad estoy en concordancia con la verdad misma que es Cristo, verdad y vida.El gran reto que se presenta frente a nosotros es conocernos a nosotros mismos, sanar las heridas, dar gracias por la vida e ir aparejando nuestra imagen con la misma verdad, con Cristo.Finalmente, reconozco que la sinceridad es apenas el primer paso a la gran aventura espiritual. No pretendo hacer una simple exhortación al ejercicio de la virtud, más bien, a tener un estilo de vida en el cual seamos sinceros con nosotros mismos, sinceros con los demás y sinceros con Dios.ruan-62@hotmail.com