El punk no muere, se volvió costumbre en Puebla
¿Cómo termina una cultura nacida para escupir sobre las tradiciones convertida en patrimonio barrial? ¿En qué momento los raros dejan de dar miedo y comienzan a tomarse fotos y bailar con los hijos de quienes antes les cerraban la puerta? Esa contradicción es la que sostiene la historia de Mortek, Richi Sax y los viejos integrantes de Los Malditos Killers