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Localjueves, 22 de diciembre de 2016

De la calle al progreso

Una mujer que tras caer en las drogas, hoy es adicta al trabajo

Emmanuel Ruiz

La historia de Alma Miranda, mujer que tras caer en las drogas, hoy es adicta al trabajo Pasa las horas en un vivero, donde encontró la autosuficiencia

Alma Miranda sabe vivir en las calles, pero hace tiempo decidió dejar de hacerlo. Cuando tenía sólo tres años de edad, perdió a su madre, a causa de un accidente en un vivero, y su padre, quien pasó a entregarse al vicio del alcohol, abandonó a la niña a su suerte.

Al crecer junto a personas que se refugiaban en las adicciones, era fácil que aquella joven tomara el mismo camino. Y cuando tuvo que elegir la dirección que tomaría su vida, escogió el único sendero que le resultaba conocido.

“En mí van a encontrar una mujer ruda, porque así soy. He trabajado como carpintera y sé hacer muchas cosas, como arreglar la llanta ponchada de una bicicleta, infinidad de cosas”, afirma.

Bajo los rayos del primer sol de invierno, su piel resplandece en medio de un jardín fresco y verde. He aquí lo que más le gusta de la vida: las plantas y las flores.

“Ahora me dedico a mi trabajo, que es el único vicio que tengo, y le entrego las horas que sean necesarias”, expresa.

Allí, entre el olor de la albahaca, la ruda y las flores de lavanda, Alma Miranda Lino, de 38 años de edad, se ha consolidado como una persona autosuficiente, que es feliz dando su mejor esfuerzo.

“Mientras tengas el empeño en tu labor, lo tienes en ti mismo; si no le pones empeño, es como si no te quisieras, porque el trabajo es todo; de ahí sale para tu ropa, para tu casa, para tu hogar. Si no tienes trabajo, no tienes nada”.

Y tal mantra no sólo está en sus labios, sino también en sus movimientos. Entrelazando fuerza y alegría, Alma sube una a una las plantas que ha venido a comprar Lehiaro García, desde el estado de Puebla.

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