Política mundial | La república oriental
Como nota final, no quisiera que los amigos argentinos se sintieran agraviados por decir que Carlos Gardel era uruguayo, pero lo he mencionado por ser rioplatense. Si luego toca hablar de Argentina, seguro lo mencionaré también.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión¿A quién nos referimos cuando hablamos de la República Oriental? Claro, si pusiera el nombre completo les daría la respuesta. Resulta que en estas líneas me quiero referir a esta pequeña nación latinoamericana que ha marcado el ritmo de la dinámica democrática en el siglo XXI, claro porque, como la mayoría de las naciones latinoamericanas del siglo pasado, también vivió momentos de oscuridad cuando las dictaduras militares dominaron la región.
Resulta que esta nación no solo ha albergado grandes personajes que van desde la política, el arte o el deporte, sino que ahora, como recién lo mencionaba, demuestra completamente que el orden y el avance se puede dar en un Estado que tiene ganas de hacerlo y salir adelante en beneficio de su población. Esta nación nos ha dado personajes como José Enrique Rodó, Mario Benedetti, José Mujica, Carlos Gardel o el propio Luis Suárez.
Sin embargo, el hecho de esta idea no recae en reconocer a los personajes ilustres de la República Oriental del Uruguay, sino en reconocer la transición política de los gobiernos uruguayos que, a diferencia de sus grandes vecinos (Argentina y Brasil) ha logrado que se conviva pacíficamente y respetando los procesos democráticos que dan certidumbre a todos los orientales, incluso a pesar de que por distintas razones tampoco es que tengan la mejor economía del mundo.
De hecho, Uruguay es caro. Muy caro. Alguna vez en una visita hace algunos años un taxista me decía que vivir y tener auto en Montevideo era quizá más caro que vivir en Miami. Bueno, luego de haber estado en ambas latitudes en aquel entonces y hace no más de un año también, podría decir que es cierto, pero también podría decir que la mística y magia que tiene el Uruguay son muy superiores a lo que la ciudad estadounidense ofrece, pero ese es otro tema.
Lo que realmente nos ocupa en este análisis tiene que ver con el cambio de gobierno situado en este pequeño país del cono sur latinoamericano vivido el fin de semana anterior donde el profesor Yamandú Orsi recibió el cambio de gobierno parte de Luis Lacalle Pou en un gesto público en la Plaza Independencia.
Y no es que este acto no suceda en otras partes del mundo, sino que cada vez que la oposición ha ganado una elección en Uruguay (en tiempos recientes), los cambios se han dado con mayor tranquilidad y pensando en la estabilidad política de la nación. Vaya que no sucede así en la actualidad, sino nada más habría que preguntar a todos los amantes y haters de AMLO en México, de Lula en Brasil o de Milei en Argentina, por poner algunos ejemplos donde la polarización política es muy notoria.
El evento del fin de semana pasado ha servido como instrumento para que Uruguay, bajo la mirada de quien escribe estas líneas, sea un referente en lo que América Latina ha adolecido más en los últimos 25 años, la integración, pues como lo refiere el colega Daniel Morales, América Latina vive un interregno donde no hay una nación que se adjudique el poder y que, por ende, tome acciones que permitan una mejor colaboración, sobre todo tomando en cuenta que en América Latina las naciones cambian sus políticas cada que llega alguien distinto al poder, como son los casos de Peña y AMLO en México, Alberto y Milei en Argentina, Lula y Bolsonaro en Brasil, Piñera y Boric en Chile, Duque y Petro en Colombia, Añez y Arce en Bolivia o Castillo y Boluarte en Perú.
Es así como creo que Uruguay, a pesar de sus diferencias, se encuentra en posibilidades de tomar la batuta en el concierto político latinoamericano gracias a su estabilidad política, como el evento desarrollado durante el cambio de gobierno. Uruguay es una nación que, a pesar de no contar con recursos como sus vecinos, sí que pudiera servir como ese nodo que de fuerza y energía a los proyectos de integración que siguen estancados y que, gracias a su cercanía con Europa y con China, América Latina pudiera ver en los orientales un liderazgo que permita unidad y vocación por agruparse.
Quiero que quede claro que no estoy candidateando a Uruguay para ser el nuevo líder económico o comercial de la región latinoamericana, pero si como un nuevo líder moral, políticamente hablando, que permita llegar a acuerdos que beneficien de manera directa e indirecta a todos los demás países que nos encontramos a años luz de una buena voluntad política, sobre todo ahora que Trump ha venido a cambiar el orden mundial.
Pienso que la buena relación de neutralidad que Uruguay tiene en América Latina, sumado a las excelentes relaciones que tiene con la Unión Europea al haber sido parte medular para la firma del TLC entre MERCOSUR y Unión Europea, más las intenciones recientes de querer firmar un TLC con China de manera directa, le permiten posicionarse como ese nuevo líder que la región necesita y que podría ayudar a encontrar mejores oportunidades, sobre todo ahora que Estados Unidos se ha empeñado en echar todo a perder.
FERNANDO ABREGO CAMARILLO es Doctor en Ciencias Administrativas por el IPN. Profesor de telesecundaria en los SEIEM además de investigador y catedrático de tiempo completo en la academia de Bloques Regionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Santo Tomás en el IPN. Asociado COMEXI. Sígalo en @fabrecam