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Análisisjueves, 5 de febrero de 2026

Sonido del riesgo

Quien transita con frecuencia la autopista México–Cuernavaca o quienes viven en sus inmediaciones reconocen un sonido del riesgo: el rugido grave y persistente de motocicletas a alta velocidad.

En muchos conductores, ese sonido detona una respuesta neuroquímica asociada a la dopamina, el neurotransmisor regulador de la motivación, anticipación y búsqueda de recompensas, un sistema de empuje: incita a repetir conductas que prometen sensaciones intensas.

Estudios en neurociencia han demostrado que estímulos sensoriales intensos —en especial los auditivos— pueden actuar como señales condicionadas que incrementan la liberación de dopamina y empujan a conductas más arriesgadas.

Las cifras encuentran rostro en los videos que circulan con frecuencia en redes sociales: motociclistas a exceso de velocidad, zigzagueando entre carriles, intentando rebasar donde no hay margen.El sonido del motor, lejos de alertar, funciona como reforzador.

Respetar los límites de velocidad, mantener distancia, evitar el zigzagueo, utilizar equipo de protección certificado, así como conocer la técnica de frenado,son barreras concretas contra una lógica biológica que empuja a ir más rápido de lo que la vía permite.

La seguridad vial es una responsabilidad compartida, pero también una decisión individual. Escuchar el sonido del motor no como promesa de poder, sino como advertencia es parte del cambio cultural pendiente.

@guerrerochipres

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