Los desastres azotaron a Morelos durante todo el 2017, y lograron que la gente recobrara la solidaridad
El anuncio que realizaron estudiantes de la Universidad Politécnica del Estado de Morelos (Upemor) al presentar el diseño de un programa de informática para simular escenarios durante una situación de emergencia pasó desapercibido.
Además, se publicó el Ordenamiento Ecológico de Territorio, que ahora protege 54.4 por ciento las áreas de Morelos. Más de 250 mil árboles se han plantado a través de cercos vivos, los cuales han beneficiado a 37 ejidos de más de 19 municipios.
Por su parte, los colegios de ingenieros recriminaron que no les pidieran su opinión en la proyección de la obra, señalando que la empresa constructora Aldesa fue la responsable ya que hizo los trabajos de forma precipitada y sin planeación.
Y la lluvia seguía sin dar tregua. En otras localidades de la zona Sur, como en la laguna de Coatetelco, en Miacatlán, se inundaron palapas que eran parte importante de la actividad económica del lugar; por ello, 90 por ciento de la capacidad del lugar se mantuvo cerrado.
Y como siempre, las autoridades municipales llegaron tarde a solucionar el problema. Derivado del estancamiento de agua, hubo riesgo de enfermedades; al final, los apoyos gubernamentales llegaron y con el paso de los meses el agua cedió terreno.
Llegamos a septiembre, las lluvias seguían azotando el territorio estatal. El 3 de septiembre, el río Amacuzac se desbordó a la altura del Puente La Fundición, que comunica a Tehuixtla con Tilzapotla y a las comunidades La Tigra y El Zapote.
[caption id="attachment_268027" align="aligncenter" width="599"] 19 de septiembre. Foto: Jackeline López[/caption]
Y llegó el 19 de septiembre. Escuelas y dependencias gubernamentales realizaban sus simulacros; a las 13:14 horas ocurrió el temblor que transformó la vida de los morelenses. Un temblor de 7.1 grados, con epicentro en Morelos, se registró ese día.
La población civil respondía y se movilizaba, los ciudadanos estuvieron solícitos a entregar víveres y otros recursos, la ayuda llegaba raudales. Muchas personas se sumaron como voluntarios. La solidaridad entre ciudadanos, una vez más, se hizo presente.
Gradualmente, los escombros fueron retirados. Y en medio de la catástrofe se entretejieron numerosas historias heroicas. A más de tres meses del fenómeno natural, la reconstrucción sigue su curso.
El gobernador del estado adelantó que en enero comenzarán a construirse las primeras 300 casas para las personas damnificadas. En tanto, en cada lugar de la llamada zona cero se pueden leer gestos y letreros de agradecimiento.
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Este año es un parte aguas en la historia moderna de Morelos; el antes y el después, lo malo y lo feo, el fin y el inicio de una nueva forma de ver, vivir y valorar la vida. Dos mil diecisiete ha sido un año catastrófico en todos los sentidos; aunque, también, este año fue cuando los morelenses demostraron que desde el dolor se puede tener esperanza, y desde las cenizas se puede levantar para un nuevo futuro. Este año, Morelos, cuna del agrarismo, volvió a ser historia para demostrar entereza y sobre todo fuerza para afrontar grandes retos y recobrar la solidaridad y fraternidad indispensable en la condición humana.
Los jóvenes estudiantes acudieron a la zona Sur, específicamente al lago de Tequesquitengo, para simular una situación de peligro al interior de un barco en llamas. En el ejercicios de simulación, los estudiantes identificaron que nadie sabe qué hacer; además, dijeron que el proyecto en un futuro podría evitar muertes masivas.
En febrero, el asunto del Paso Exprés comenzaba a ser noticia; los retrasos en sus avances, las deficiencias en su trazo y las afectaciones a los vecinos eran recurrentes a lo largo de sus 14.5 kilómetros. Luego, en plena temporada de estiaje, la ruptura de las tuberías del agua ocurría casi todos los días. Mientras eso sucedía, en otras colonias de Cuernavaca la denuncia sobre la presencia de heces en el vital liquido eran señales de que algo comenzaba a gestarse desde el subsuelo.
Marzo apenas comenzaba, y los incendios forestales no daban tregua. En los primeros 66 días de 2017, Morelos ya registraba un alto número de incendios, que superan por 20 y 25 a los registrados en el mismo lapso en 2016 y 2015, respectivamente. Asimismo, el número de hectáreas afectadas fue mayor en comparación con los mismos años.
De acuerdo con la tabla comparativa 2015-2017 del Centro Estatal de Control de Incendios Forestales (CECIF) adscrita a la Comisión Nacional Forestal (Conafor) delegación Morelos, en esos primeros días daban cuenta de 84 contingencias, mientras que en 2016 sólo fueron 64 y 59 en 2015.
Las hectáreas perjudicadas, principalmente de vegetación arbustiva, seguida de matorrales, aumentaron gradualmente; Tepoztlán era el municipio con más territorio calcinado, eso al registrar 32 percances; luego, seguía Cuernavaca, con 11 igniciones; Huitzilac, con 24 fuegos.
El 2 de abril, el Paso Exprés se abría a la circulación. El titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, en un afán por demostrar su utilidad y estabilidad, hizo un recorrido “clandestino” en su camioneta, incluso realizó un evento inaugural casi a escondidas.
En un viaje desde Chamilpa hasta el Polvorín, el referido funcionario constató la falta de señalización en el sitio; no obstante, se dijo que esa sería una segunda etapa. A partir de lo anterior, todo indicaba que el Paso Exprés aún no estaba terminado. Faltaban indicadores de límite de velocidad, de entradas o salidas, así como la señalización de precaución que debe haber sobre los vados que quedaron; a la postre, eso tuvo sus consecuencias.
A mediados de mayo, los pobladores de Tepoztlán bloquearon el acceso al pueblo ante la inconformidad por la tala de más de dos mil 800 árboles en más de 89 hectáreas; además, exigían detener la tala, que era parte de los trabajos de la ampliación de la autopista. Tal deforestación, dijeron los pobladores, afectaría el Parque Nacional de El Tepozteco y el Corredor Biológico Chichinautzin. Después de varias semanas de protestas, el campamento que se había instalado en la entrada se concentró en el Zócalo del poblado y gradualmente se fue diluyendo; en tanto, las obras continuaron.
En junio, las lluvias estaban en su máximo apogeo. Apenas iniciando el mes, Francisco Javier Bermúdez Alarcón, coordinador estatal de Protección Civil, daba cuenta de un severo problema: sólo tres municipios de la entidad: Tetela del Volcán, Temoac y Totolapan contaban con Atlas de Riesgo Vigente. El resto de los municipios carecían de éste o no estaba actualizado.
Asimismo, el coordinador estatal de Protección Civil anunció que las intensas lluvias que se registraron recientemente no provocaron afectaciones. Hubo fuertes precipitaciones, sobre todo en los municipios de Jonacatepec y Tepalcingo, así como en la región de Los Altos de Morelos y en la capital del estado.
Como una manera de revertir los efectos de los incendios forestales que azotaron en el primer trimestre del año las zonas boscosas de Morelos, se anunció que la Conafor y la 24 zona militar iniciaron el Programa Nacional Forestal 2017 con el que plantean reforestar dos mil 856 hectáreas a través de 84 proyectos.
En una primera etapa, colocaron 800 mil plantas de clima templado frío que se cultivaron en el Vivero Forestal Militar de Cuernavaca. En el paraje El Fresno, en Santa María Ahuacatitlán, el 21 de marzo, se siniestraron 145 hectáreas, por lo que tuvieron que sembrar 500 plántulas, además de que se emprendieron acciones para retener los árboles y no perder tierra.
El lago del Parque Estatal Urbano Barranca de Chapultepec fue abierto al público después de haber sido contaminado por las obras del Paso Exprés. El estanque fue saneado en su totalidad. El lago, ya limpio, fue desazolvado del material de construcción con el que se contaminó por el derrumbe de un muro y desvío de una tubería que descargaba agua contaminada. La rehabilitación fue solventada por la empresa Aldesa, responsable de la obra carretera a cargo de la SCT.
A principios de Julio, las lluvias arreciaron. Se registraron afectaciones en viviendas de Jiutepec, Temixco y Cuernavaca, sin que eso implicará personas lesionadas. En Tequesquitengo se reportó un derrumbe sobre la carretera del circuito del lago; en Xochitepec acaeció el desbordamiento de un canal de riego, provocando afectaciones sobre la pista. En Cuernavaca, Tlaltizapán, Yautepec, Temixco, Totolapan, Amacuzac, Tetela, Tepoztlán, Emiliano Zapata y Jojutla hubo inundaciones. Las lluvias no daban tregua, pues eran constantes e intensas. En todo el territorio estatal se reportaron encharcamientos y numerosas caídas de árboles
Aunque las advertencias fueron reiteradas y constantes, la SCT hizo caso omiso sobre las complicaciones y daños que comenzaban a mostrarse en distintos puntos del Paso Exprés. Principalmente, en la barranca de Santo Cristo se detectaron evidentes afectaciones. El 10 de julio, la autoridad de PC alertó sobre un riesgo de hundimiento sobre la parte del Conalep, en Cuernavaca; lo anterior a consecuencia del deslave y socavamiento que provocaron las descargas pluviales. No obstante, ni la SCT, ni la empresa constructora, intervinieron.
El 12 de junio ocurrió la tragedia; el piso del acceso vial se hundió alrededor de las 6:00 horas. El socavón en el Paso Exprés se tragó un automóvil, en el cual viajaban dos personas: Juan Mena Romero, de 33 años de edad, y Juan Mena Ruiz, de 65 años de edad. Desde esa fecha y casi cuatro meses después la carretera sigue siendo reparada.
A partir de esa fecha, una serie de enfrentamientos inició entre los tres niveles de Gobierno que se acusaban mutuamente de ser los responsables de las irregularidades en la carretera. El debate llegó hasta el Congreso de la Unión, pero hasta la fecha no se han señalado a responsables de la desgracia.
Por el momento, se sabe que la empresa encargada del Paso Exprés ya ha iniciado un nuevo proyecto para construir un viaducto que liberara el paso del agua de la barranca. El sacrificado en esa disputa fue el delegado de la SCT, José Alarcón Ezeta, quien fue destituido del cargo.
El accidente en el Paso Exprés puso en evidencia la nula preparación de los cuerpos de rescate de la entidad, puesto que las acciones de rescate no se llevaron a cabo de inmediato. El tema del socavón puso nuevamente a Morelos en la noticia internacional y trajo un impacto en todos los ámbitos. El cierre de la vialidad provocó que pasar por ahí fuera un tormento debido a las largas filas de vehículos.
El titular de la SCT, Gerardo Ruiz Esparza, trató de salvar su puesto y trajo a un nuevo delegado desde Oaxaca, del cual se señalaba que tenía negros antecedentes. Otra persona moría al caer en un camino aledaño al Paso Exprés, ya que los trabajos en la vialidad prácticamente le quitaron el acceso a su domicilio y tras un día lluvioso resbaló, cayendo a la carretera.
Comenzaba agosto, las lluvias intensas seguían. Por tres horas se registró una precipitación pluvial, provocando que el cauce de la barranca Santo Cristo aumentara, alcanzando un nivel de 10 metros. Las viviendas y los vehículos de la colonia Chipitlán y del conjunto habitacional Jardines de Palmira resultaron dañados. Ante la nula presencia de personal de la SCT, las personas afectadas bloquearon de forma intermitente la avenida Palmira con el objetivo de exigir que los daños ocasionados sean resarcidos. Esa era solamente una de tantas protestas ciudadanas que trajo el Paso Exprés, cuyo costo ascendía a los casi dos mil 500 millones de pesos.
Para calmar la inconformidad ciudadana, la SCT se vio obligada a pagar los daños ocasionados a las viviendas y al mobiliario en éstas, además de que muchas familias fueron trasladadas a un hotel para preservar su seguridad y así poder realizar las reparaciones en sus propiedades.
Los huachicoleros también fueron un tema recurrente durante agosto. Los tres niveles de Gobierno estaban preocupados ante la sustracción del combustible de los ductos de Pemex (Petróleos Mexicanos), lo que puso en riesgo a colonias enteras. Para ejemplo de lo anterior, cabe recordar la explosión de una vivienda en la colonia Flores Magón, acontecimiento que prendió la alerta ya que el derrame de combustibles en el subsuelo contaminó el pozo de la Noria 2, en el poblado de Ocotepec. El derrame provocó que el servicio de agua potable se suspendiera; entonces, esta región de la capital enfrentó una verdadera crisis por el suministro agua. El vital líquido tuvo que ser abastecido por medio de pipas.
Para finales de ese mes, el tema del socavón era una “papa caliente” y había escalado ámbitos nacionales y propiciado un enfrentamiento entre el gobernador, Graco Ramírez, y el titular de la SCT, Gerardo Ruiz. Ambos fueron citados en el Congreso de la Unión para exponer sus argumentos sobre el tema. Lo hicieron, pero sin resultados certeros porque no se definió la responsabilidad de cada uno y hasta el momento no han sido castigados los responsables de esas fallas.
La explicación final acerca del tema consistió que todo se había propiciado como un efecto natural al taparse de basura el ducto que daba salida al agua de lluvia y el drenaje. Según las versiones oficiales, la acumulación de deshechos se debió a las lluvias atípicas; a su vez, eso generó la formación de un socavón en la parte interna que posteriormente debilitó la tierra y trajo como consecuencia el hundimiento. La empresa responsable anunció finalmente que la solución era un viaducto que construiría para hacer más grande la salida del agua de la barranca, hasta la fecha continúa esa labor. Se prevé que para 2018 se habilite la vialidad que queda pendiente.
En Tepoztlán, las fuertes precipitaciones dejaban una persona muerta; 15 viviendas inundadas y tres vehículos afectados en diferentes comunidades. En Yautepec, el río se desbordó en la comunidad de Temilpa Viejo, lo que afectó cultivos e invadió patios de viviendas cercanas.
En Tlaltizapán, los habitantes de la localidad lamentaron que las autoridades municipales no hayan desazolvado el río Yautepec. Debido a la displicencia de éstas, varias hectáreas de cultivo de maíz y caña de azúcar se vieron inundadas. Las intensas lluvias provocaron inundaciones en patios y varios terrenos de la demarcación. La temporada concluyó con el registro de que Tlaltizapán fue el municipio más afectado por las lluvias.
Los ciudadanos iban de sorpresa en sorpresa frente a la naturaleza, el 7 de septiembre, minutos antes de la medianoche, se registró el primero de los dos sismos que marcaron al país. Un sismo con intensidad de 8.2 grados en la escala de Richter, removió los recuerdos. Las entidades más afectadas fueron Chiapas y Oaxaca. El movimiento telúrico tuvo una duración aproximada de 40 segundos, con epicentro en las costas de Oaxaca y Chiapas respectivamente. En los primeros días se contabilizaron más de mil réplicas.
“El Sol de Cuernavaca” tituló de forma clara lo que había ocurrido el 19 de septiembre: ¡PÁNICO! Los informes del desastre empezaron a llegar; 65 muertos y afectaciones en 12 municipios. El Gobierno estatal de inmediato distribuyó las tareas entre los secretarios para que coordinaran los trabajos. Los daños se registraron en Jojutla, Zacatepec, Cuernavaca, Tetecala, Miacatlán, Yecapixtla, Jiutepec, Cuautla, Xochitepec, Axochiapan, Yautepec y Tlayacapan. Al día siguiente, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, visitó Jojutla con el objetivo de evaluar los daños ocasionados por el sismo. Al reunirse con los pobladores, Peña Nieto pidió no dejarse sorprender por la tragedia.
Además de los decesos, los daños materiales resultaron enormes: 37 iglesias destruidas y muchos hospitales quedaron inservibles. Al final se supo que más de 10 mil casas fueron dañadas. Morelos, como otras entidades, recibió ayuda del Fondo de Desastres Naturales (Fonden). Mediante un censo, las personas afectadas recibirían la ayuda para reconstruir su casa; aquéllas que no consiguieran ese apoyo, recibirían la ayuda del Ejecutivo estatal a través del programa “Unidos por Morelos”.
A partir de esa fecha, la emergencia y los esfuerzos gubernamentales se enfocaron en la atención de los damnificados que llegó a casi 15 mil personas, quienes tuvieron que buscar refugio. Por eso, fue necesaria la instalación de campamentos; la ayuda internacional contribuyó a una situación mayor, ya que fundaciones nacionales e internacionales demostraron su solidaridad.
En los últimos meses del año se desplegó una estrategia de ayuda y colaboración oficial, a fin de reactivar la economía. Para eso, dependencias nacionales y estatales, así como ciudadanos organizados y las mismas personas afectadas han estado atendiendo las necesidades en los lugares donde el panorama que vivían los ciudadanos se transformó drásticamente; lugares donde antes estaba lleno de casas y comercios ahora prácticamente lucen desolados.
Aunque 2017 será recordado por la tragedia, el dolor y la angustia, tampoco se olvidará el apoyo fraterno, la solidaridad ciudadana y el voluntariado masivo que llegó desde latitudes. Termina el año, los días más aciagos no se olvidarán y es totalmente seguro que Morelos comenzará a escribir una nueva página en su historia.