¡El afiladooooooor!, ni la pandemia los detiene
Este oficio fue tan popular entre los siglos XVIII y XIX que hasta Francisco de Goya, hizo un cuadro sobre ellos
Israel Mariano / El Sol de Cuernavaca
A cada 10 metros o menos vuelve a sonar el afilador mientras el liñares en forma de rueda avanza, aunque hay quienes han adaptado alguna bicicleta, don Lalo lo hace caminando mientras empuja la rueda.
Todo indica que el origen de este oficio artesano es gallego, concretamente de Orense, por eso mismo la ciudad es conocida por ser "Terra de Chispas", debido a los centelleos que salían de la rueda al afilar los utensilios de corte.
Estos comerciantes ambulantes se trasladaban por los pueblos de casa en casa con su rueda de afilar o de liñares, por el nombre del pueblo de la Ribeira Sacra que las fabricaba.
Fueron los españoles quienes trajeron este oficio que de inmediato se extendió por todo el continente, y seguramente en cada pueblo alguien alcanzó a ver a una persona afilando los utensilios que los vecinos tenían en sus casas.
Como don Lalo en Cuernavaca, los afiladores se hacen acompañar por la tarazana o rueda de afilar, que en un principio transportaban a la espada y con su chifle (pito o silbato, flauta de pan) anunciaban su presencia en la comunidad.
En México todavía se pueden encontrar, aunque cada vez con menos frecuencia, algunos en los mercados y en las colonias populares, quienes aún hacen sonar su flauta de pan y gritan “el afiladooooooor”.
Afila un cuchillo y lo toca con los dedos y muestra cómo cambia su textura.

























