[Especial] Rescata tesoros muebleros
Durante 63 años, don Álvaro se ha dedicado a retapizar muebles, un oficio que sigue siendo rentable
Israel Mariano / El Sol de Cuernavaca
Aunque lleva todo este tiempo arreglando, modificando y conociendo muebles de todo tipo, confesó que no sabía que el 17 de enero se le conoce como el Día del Tapicero en México.
Nacido en el arribo de Acapantzingo, don Álvaro quedó huérfano de madre a los dos años y desde niño tuvo que aprender a trabajar, y a los ocho años comenzó andar por las calles de Cuernavaca a vender periódicos, para entonces ya vivía en la colonia del Vergel.
Mientras cuenta esos primeros años de su niñez, no deja la vieja máquina, hay trabajo que debe entregarse y no hay tiempo que perder. Trabaja cociendo lo que será la funda tal vez de una almohada de una sala.
Recuerda que con la ausencia física de su madre, el padre buscó una pareja y así volvió a tener dos hermanos, además del que ya estaba en casa. Por eso fue necesario trabajar antes que estudiar.
El periódico que en ese momento vendía, iba a entregarlo a una tapicería, esos serían los primeros contactos con lo que se convertiría su vida.
Recuerda que vendiendo periódicos ganaba cinco pesos diarios y en la tapicería comenzó ganando 15 pesos a la semana, algo que lo desánimo porque era un pago muy bajo.
De vez en cuando, al momento de sumergirse en esos recuerdos, don Álvaro esboza una sonrisa, pues desde el principio le gustó el oficio por el hecho de recuperar muebles que prácticamente eran basura y transformarlos.
Hoy trabaja con sus cuatro hijos, cada uno desempeña una función dentro de su taller y ha sido suficiente para mantenerlos junto con sus familias.
A pesar de eso, en su opinión, la tapicería nunca se va a perder y es un oficio muy rentable, y la prueba es que todo el tiempo hay algo que hacer en su taller, hay momentos en que tiene que rechazar propuestas "porque no me gusta quedar mal con nadie".


























