CDMX.- La obligada disposición de permanecer en casa ha sido benéfica para nuestros cinco artistas plásticos oriundos de Durango radicados en esta capital al menos hace 20 años.
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Seguimos en enclaustramiento por la causa ya conocida.
La propuesta legislativa pretende incluir a los productores de escasos recursos en las campañas sanitarias para proteger su sustento familiar y la economía del sector
En primer lugar don Guillermo Ceniceros Reyes (El Salto, P.N.), el pintor de mayor prestigio nacional e internacional, permanece en su casa/taller donde termina muchos compromisos de trabajo y diseña nuevos bosquejos para futuras galerías. “Es una forma diferente de festejar mis ocho décadas de vida, pero alegre en compañía de mi esposa Esther González”, nos comenta, y asegura estar bien de salud en términos generales. Sus tres ayudantes fueron liberados del apoyo por la epidemia, empero les cubre el 75% del salario. Mantiene con sus hijos y nietos una sana distancia y comunicación telefónica o redes, pero no acuden al domicilio de la calle Pomona cercana a la estación del metro y metrobús Insurgentes. María Teresa Galván Rivas (Canatlán), el confinamiento le afectó la programación de exposiciones tanto dentro como fuera de México. En su domicilio del Circuito Poetas en Tlanepantla, Estado de México, trabaja en nuevos proyectos, especialmente presentaciones pendientes en Cuba, Francia, Italia y Costa Rica. Luz María Gamboa Herrera (Tepehuanes) la contingencia le canceló exposiciones en varias entidades, sobre todo en estados del sureste donde le aprecian mucho su temática de rostros indígenas. Consuelo Saldívar Ceniceros (Súchil) continúa en su casa de la Colonia Camarones pintando óleos sobre naturalezas muertas, sin embargo está ahora enfocada a expresar su arte con flores de matices diferentes y como muestra de observar los cambios de vida que obligó la epidemia. José Luis Calzada (Vicente Guerrero) la epidemia viral lo obligó a suspender la venta de sus cuadros en el Jardín México donde cada domingo vendía al menos uno y con eso resolvía agobios. Hoy solo pinta y pinta para acumular cuadros para mejores épocas. Ellos son los cinco artistas que enaltecen la tierra.
El pasado mes murió a los 92 años la escritora zacatecana Amparo Dávila, quien nos reveló en su homenaje rendido en Bellas Artes, el año antepasado, que su vocación de escritora la encontró en los libros de misterios y temas policiacos que escribió la olvidada escritora durangueña Elvira Bermúdez, a quien trató por correspondencia, pero nunca la conoció. La muerte de esta gran mujer fue muy sentida en el ámbito literario nacional por su modestia y poco trato social. Ella publicó en más de 60 años de fructífera producción de muchos libros a partir de 1959 con “Tiempo Destrozado”. En 1964 publicó “Arboles Petrificados”. En 2009, el Fondo de Cultura Económica le editó un libro llamado “Cuentos Reunidos” y su última obra fue “Poesía Revivida” en 2011. Doña Amparo fue amiga de las escritoras y poetas duranguenses Cuquita Guerrero, Olga Arias de Weber y Beatriz Quiñones, y conoció de cerca a José Revueltas con quien compartió varios talleres literarios en la UNAM, a donde se trasladaba en camión desde Zacatecas, donde radicó toda su vida. Con doña Olga Arias mantuvo una relación epistoral hasta la muerte de nuestra laureada poeta. Solo una vez fue a Durango a un evento familiar donde la conoció físicamente, sin embargo, nunca dejó de admirar su vasta producción literaria. Su menudita presencia y su innata timidez, le asustaba mucha gente, por ello rehuía homenajes. Conocerla y saber que admiró los trabajos de cuento y misterio de Elvira Bermúdez nos congratuló por su pasión literaria. Lástima que hasta su deceso se conoció el gran cariño que le tuvo a la tierra durangueña. No murió contagiada, sino por causas de su larga vida. Sus restos descansarán en la Rotonda del Arte de la vecina ciudad, donde recibirá un homenaje al terminar la obligada cuarentena.
El pasado 30 de abril se clausuraron los trabajos plenarios de las cámaras de diputados y senadores y no habrá período especial extraordinario. De hecho, solo trabajaron dos de cuatro meses por diversas causas, desde manifestaciones y tomas de palacios por quejas sobre el presupuesto aprobado, tomas de tribuna y la contingencia viral. En algunos días hubo conatos de violencia en el exterior de San Lázaro, sin llegar a mayores. Las cuatro diputadas de Durango fueron solo “presencias simbólicas” requeridas para votaciones, pero negadas a presentar iniciativas. Nada sobresaliente que comentar de ellas, salvo conocer su pobreza legislativa y su desdén para los problema de gente de Durango que acudían a verlas. En la comisión permanente otra vez, ninguna fue requerida y solo un senador de Durango fue incluido al final. Ahora vienen cuatro meses de asueto. Hasta el primero de septiembre reanudarán labores.
Contrario al quehacer de las diputadas federales, la senadora Margarita Valdez muy activa en trabajos sobre el tema del coronavirus por su formación profesional en la medicina. Como aquí comentamos, ella forma parte de una comisión especial del Senado que aborda el tema sanitario y las secuelas que causará. Por otra parte, son frecuentes sus visitas a la Secretaría de Economía donde se entrevista con la titular Graciela Márquez Colín para el tema del Tratado Trilateral México, Estados Unidos y Canadá, que entró en vigencia el pasado viernes primero de mayo. La doctora forma parte de una comisión especial de senadores que analizan la soberanía nacional en el delicado tema del comercio internacional, hoy amagado por los efectos de una posible recesión mundial, el desplome de los precios del petróleo, turismo y divisas.
Un amable lector nos corrige la plana sobre la escasez de durangueños en cargos de la administración federal en los últimos años publicado la semana pasada. Tiene razón, porque omitimos el nombre del licenciado José Ramírez Gamero, quien fue Director del Fondo Nacional para el Ahorro de los Trabajadores, sin estar ubicado en el primer círculo de la Secretaría de Economía. Una disculpa al exgobernador por la involuntaria omisión. Igualmente a la memoria del Lic. Máximo N. Gámiz Parral, quien fue el primer Director de la Procuraduría Social del desaparecido Distrito Federal, que sigue vigente en la nueva forma del gobierno capitalino.
El pasado mes murió a los 92 años la escritora zacatecana Amparo Dávila, quien nos reveló en su homenaje rendido en Bellas Artes, el año antepasado, que su vocación de escritora la encontró en los libros de misterios y temas policiacos que escribió la olvidada escritora durangueña Elvira Bermúdez, a quien trató por correspondencia, pero nunca la conoció.