¿Cuáles fueron los inicios en el mundo del arte?
Yo provengo de la generación de hace diez años, en ese tiempo todavía había una cuadrilla de maestros muy clásica, que eran herederos de Montoya de la Cruz, y la verdad fue una escuela de concepto, más que de técnica, íbamos descubriendo cómo un artista podía servir a la sociedad, para ayudar a expresarse a las personas, yo tenía sed de muchas cosas y participé en la remasterización de la Revista Andamios, fue una gran aventura y por ahí logré hace conexión en Ciudad de México, conocí a Erik Castillo, el curador de arte, y empecé a involucrarme en el quehacer artístico con una responsabilidad social.
¿Cómo fue la etapa de experiencias en Ciudad de México?
Durante mis estudios quise entrar a la disciplina de antropología y la rama de curaduría artística, y como sucede en la vida, de repente me encontré aprendiendo a tatuar, comencé moviendo redes sociales en el destacado estudio “Arcadia”, dirigido por César Rosas, y en ese tiempo estuve a la par con mi compañero Eduardo, poniendo en marcha el concepto de dermografía, allí aprendí el conocimiento de la piel. De este modo, he sabido ofrecer siempre un trato personalizado a cada persona, en el concepto y la imagen, cada cliente tiene un tipo de piel y modo de vida, por lo que desde mis primeros trabajos profesionales tuve apoyo de artistas y profesionales en Ciudad de México. Con la pandemia empecé a trabajar en estudio privado, mucha gente quería tatuarse y salir de casa, esa etapa fue de pulimento de mis técnicas. En “Malasangre”, un referente del tatuaje, aprendí mucho y fue crucial para mí.
¿Qué tal ha sido la trayectoria de “Malinche Artífice en Durango?
Yo me empecé a especializar en temática prehispánica, y siguiendo los preceptos que aprendí sobre la idea de que el arte es una responsabilidad social, me lancé a regresar a Durango para innovar y compartir mi cosmovisión, afianzando mi parte artística y laboral, porque el tatuaje es un oficio. Volver a Durango, después de varios años, han sido de mucho esfuerzo y dedicación, tener un negocio propio es un gran desafío y como mujer artista empecé a aplicarme para ofrecer un proyecto con diseños profesionales que ha tenido éxito, más allá de la tinta, el tatuaje es un modo de expresión, todos mis clientes buscan reflejarse a través de un diseño, se sueltan endorfinas durante la sesión de tatuaje y se sienten bien en el estudio.