Conoce la historia detrás de La Casa de la Monja
Aquella residencia del siglo XVIII fue heredada entre la familia de generación en generación, cuentan
Perla Rodríguez Contreras / El Sol de Durango
Edificada por el minero español Miguel Ramón Gastambide, a mediados del siglo XVIII, en Durango, La Casa de la Monja es una de las pocas casas coloniales que aunque ha sido remodelada en varias ocasiones, se conserva aún en pie.
- “Mucho gusto en conocerlo, señor”, respondió el licenciado Gallegos al momento en que le extendió su mano, y preguntó “¿a qué casa se refiere?”.
- “A la de la monja, joven, así se le conoce a la casa donde vive su novia, más bien así se le conoció por espacio de muchos años, aunque hoy ese nombre se ha perdido”.
Este señor que era viudo, tenía un hermano sacerdote de nombre Hermenegildo del Fierro, que hizo un viaje a España, donde conoció a Antonia Zuloaga, que le gustó para que se casara con ella su hermano, invitándola para venir a Durango para ello.
“Le ofreció a pagarle los gastos de viaje a esta ciudad, y si no se arreglaba el matrimonio, le pagaría los gastos de regreso. Doña Antonia estuvo de acuerdo en venir, estableciendo la condición de que la acompañara su hermana Marta”.
Así, llegaron a Durango y se hospedaron en la casa del sacerdote, a donde fue Francisco a conocer a la recién llegada. Don Antonia al mirarlo le preguntó:
- “¿Le cuadró o no le cuadró?”, la respuesta fue positiva y enseguida llegó la boda.
Luego que sí hubo empatía, Marta se casó con Antonio, hijo de Francisco, y se fueron a vivir a esa famosa casa.
- “¿Y esa señora acabó con ser monja, o por qué se llama así la casa donde vivió?”, preguntó el licenciado Gallegos en medio de la historia.
En otras ocasiones, Marta llegó a ver la figura de una monja que paseaba por los corredores. Su hábito negro y cofia blanca eran inconfundibles. La situación la impresionó, y a pesar que su carácter era fuerte, sintió miedo.
- “Desde entonces esa casa es conocida como La Casa de la Monja”, dijo aquella persona que contaba la historia al licenciado Gallegos.
Explicó además que Marta no tuvo familia en su matrimonio y adoptó a una sobrina política de nombre Refugio Natera, que fue quien heredó la casa.
Ella se casó años después con un señor de apellido Valles, dueño de la Hacienda El Chaparrón, y sus descendientes la vendieron a don Jesús Gutiérrez, actual poseedor.
- “Había dinero enterrado en esa casa, ¿quién lo sacó?”, preguntó Gallegos.
- “Que interesante historia me ha contado en esta tarde, señor Juan García Canales”, respondió el licenciado Gallegos y se comprometió a seguir contando la historia para que ésta no muera.






























