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Localsábado, 19 de febrero de 2022

Los boleros, un oficio que se niega a morir

“Sale para comer, ya no pido más”, así resume el bolero Rubén Sandoval la situación que vive en el oficio de aseador de calzado

Marco Rodríguez / El Sol de Durango

Entrevistado en su puesto que se ubica junto al kiosco del Jardín Juárez de Canatlán, menciona que a partir de la pandemia, disminuyó de manera considerable la demanda del servicio.

Recuerda que fue hace aproximadamente 30 años cuando comenzó a trabajar en la bolería que tenía Rosendo “Chendo” Retana en la esquina noreste de la plaza, ahí aprendió los secretos de un oficio que año con año parece hacerse menos.

Con cuatro años en su bolería, Rubén recuerda que con la llegada de la pandemia la demanda bajó de manera considerable, la gente dejó de acudir por el temor a contagiarse, inclusive dejó de trabajar un tiempo por indicaciones de la autoridad.

Sin quejarse ni lamentarse por la situación, menciona que al final le ha ido regular, con tiempos malos y también buenos.

Dijo que la temporada mejor del año son los meses de noviembre y diciembre, cuando son las cosechas de granos, la llegada de paisanos y el pago de aguinaldos.

En lo que se refiere a la clientela destaca a la gente que vive en los poblados o viene de fuer es la que más acude a bolearse los zapatos, aunque también tiene su clientela de la cabecera municipal, que acude o envía su calzado para que lo limpie.

Reconoce que conforme pasan los años son menos las personas que se dedicar al aseo de calzado ya no se observa en el municipio a los tradicionales boleros, con su cajón colgado al hombro recorriendo las calles.

Ahora son tres los puestos fijos que prestan el servicio, todos en el jardín Juárez o plaza de Canatlán, distribuidos en las partes norte y centro, respectivamente, ninguno en la explanada, junto al edificio de la Presidencia Municipal.

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