Sobrevive el comercio religioso en medio de la adversidad
Con más de siete décadas, María de Jesús mantiene el pequeño puesto de artículos religiosos heredado por sus padres, a las afueras del templo de San Agustín
Todo comenzó cuando se eligió a las nuevas autoridades tradicionales; presiones externas intentaron cambiar la decisión de la asamblea indígena a través de amenazas
Doña María recuerda cómo sus padres comenzaron con un pequeño puesto de madera donde ofrecían productos religiosos durante la Semana Santa / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
Con tan solo dos años de edad, María de Jesús Olvera, llegó acompañada de su familia a la entrada de lo que ahora es San Agustín, cuando en 1950 era apenas una pequeña iglesiaen vías de convertirse en lo que ahora es uno de los templos más importantes de la ciudad de Durango.
A 75 años desde aquella fecha, recuerda cómo sus padres comenzaron con un pequeño puesto de madera donde ofrecían productos religiosos como medallas, cirios pascuales, rosarios, imágenes, entre otros; para cuando llegaban los feligreses a escuchar la ceremonia religiosa, como en esta ocasión, cuando la comunidad católica se prepara para conmemorar la Semana Santa.
Comerciantes aseguran que los duranguenses “ya no cree en Dios, ya hay mucha gente cambiada” / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
“Mi papá fundó aquí el templo, entonces solo era una capillita sencilla, luego él murió y mi madre se quedó sola con nosotros chiquitos; al morir ella, yo me quedé con el puesto”, cuenta mientras fija su mirada en el horizonte, como de quien recuerda un momento añorado en su vida.
María de Jesús ha visto pasar toda una vida en este lugar, a sus 77 años asegura que este negocio les ha dado mucho a ella y a su familia, pues ya son tres las generaciones que han logrado subsistir gracias a las ventas que se generan de los artículos religiosos.
El comportamiento del consumidor ha cambiado, aseguran comerciantes duranguenses / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
Pese a ello, asegura que el comportamiento del consumidor ha cambiado mucho,“ya no cree en Dios, ya hay mucha gente cambiada”, dijo y asegura que hay días en los que se van del lugar sin vender ni un escapulario de 15 pesos.
Incluso durante esta temporada de Semana Santa, que anteriormente era cuando se incrementaba el consumo de este tipo de productos, “este año ha estado muy triste. El martes la gente empieza a venir al templo porque es la procesión del señor, hay mucha gente, pero ahora estuvo solo”, contó.
María de Jesús mantiene el pequeño puesto de artículos religiosos heredado por sus padres, a las afueras del templo de San Agustín / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
Dice que esta situación es reciente, pues el año pasado toda la semana hubo personas entrando y saliendo del templo.
Aunque la mayoría de la mercancía es traída desde la ciudad de Guadalajara y la Ciudad de México, hay algunas cosas que ella, acompañada de sus hijas realizan, como las pulseras que llegan a realizar hasta 20 diarias.
María de Jesús mantiene el pequeño puesto de artículos religiosos heredado por sus padres, a las afueras del templo de San Agustín / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
Doña María de Jesús tuvo nueve hijos, además de tres que según cuenta, le fueron regalaron, “tengo 12 hijos, aquí los navegaba, ahí los acostaba en una banquita, ahí tenían su camita y hasta a la fecha mire”, y señala a dos de sus hijas que están apoyandoen la venta.
Como la mayoría de los comerciantes que se instalan afuera de los templos, Karen Reyes, acudió junto a su familia para vender artículos religiosos, principalmente cirios pascuales, los cuales son traídos desde la ciudad de Guadalajara y cuya característica es que no producen mucho humo.
En Durango sobrevive el comercio religioso en medio de la adversidad / Foto: Lulú Murillo / El Sol de Durango
Ya tenemos 16 años aquí (San Agustín), empezamos con una cajita chiquita a ofrecerlos a las personas y ya hay personas de Culiacán que vienen a comprarlos en Semana Santa. Karen Reyes, comerciante duranguense
Aunque en su momento intentaron vender palma bendita durante los domingos de ramos, tenían mucha merma de mercancía pues solo se puede vender ese día; “somos unas personas muy religiosas, y por eso empezamos a vender no solo cirios, sino pulceras, rosarios, y demás artículos religiosos”.
Acompañada incluso de su mascota, Karen y su familia se trasladan a diversos templos y parroquias para llevar a cabo la venta, sobre todo durante los días santos, aunque todo el año mantienen la venta en sus domicilios en calle Retorno, Sigma 1 #220, atrás del CBTIS 110.