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Locallunes, 29 de abril de 2019

[Video] Un delito no puede robar los sueños

Trece jóvenes actualmente pagan una condena en el Certmi

Monserrat Chávez

El Centro Especializado de Reintegración y Tratamiento para Menores Infractores (Certmi) puede parecer duro, frío por afuera con su carcaza color blanco y las torres de vigilancia que se pueden distinguir desde una larga distancia.

Son muchos los protocolos de seguridad, puertas, guardias y protecciones para mantener el control en el centro, de ahí que uno se puede llegar a sentir intimidado al exterior, sin embargo una vez adentro se instala en una zona tranquila y de armonía.

Arturo Jiménez habla con orgullo de sus muchachos, de los trece jóvenes que actualmente pagan una condena en este lugar, muchos han encontrado su pasión en el deporte, la pintura o la panadería y sonríe al contar con alegría los triunfos de cada uno.

ÉL

“Todavía no pienso como un adulto, no tengo los pensamientos de un adulto, juego mucho pero me sé comportar, me gusta jugar, me gusta reír, me gusta bailar, me gusta jugar con mis amigos y las personas ya grandes se ven muy diferentes a nosotros”

Héctor tenía 14 años, vivía en Gómez Palacio con sus padres y dos hermanos mayores, no tenían problemas, no había violencia, ni carencias, al contrario, él asegura que sus progenitores siempre le dieron todo lo que estaba en sus manos para que saliera adelante.

EL INICIO DEL CALVARIO

Uno de esos nuevos amigos era mayor y tenía antecedentes penales, una tarde entre todos comenzaron a planear un robo, se dispararon las ideas. Héctor dudaba, pero el hecho de ver a sus amigos con más dinero y libertad lo orilló a ser parte del delito.

Fueron casi ocho meses después cuando luego de estar prófugo, las autoridades dieron con su paradero, el 13 de febrero de 2017 a Héctor le dictaron una sentencia de dos años en el Certmi y fue señalado como coautor del secuestro.

Le pregunto si recuerda cómo era cuando ingresó al centro, sus emociones y actitud; le hago volver un poco al pasado, cuando aún dolía y la incertidumbre no le permitía avanzar ni visualizar su futuro.

Reconoce que imaginaba lo peor, no ver a su familia por largo tiempo y pasar momentos difíciles, pero ha logrado adaptarse e incluso asegura que el Certmi para él es un colegio, una escuela donde ha aprendido muchísimas cosas que jamás pasaron por su mente hacer.

UN NIÑO QUE SUEÑA

El delito que cometió lo envío a una prisión, pero no le robó los sueños que desde chico construyó, estudiar la universidad y ser un profesionista del que su familia estuviera orgullosa.

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