Cada día que pasa sin que se localice a los mineros secuestrados en Concordia, se incrementa la pérdida. Se va perdiendo la expectativa de recuperarlos con vida y se va perdiendo una inversión millonaria y la posibilidad de miles de empleos. En una semana, las acciones de la empresa Vizsla Silver en la Bolsa de Toronto perdieron el 30% de su valor en un proyecto que tiene, o tenía estimado, extraer oro y plata por 1,800 millones de dólares en Sinaloa, justo dentro del Triángulo Dorado.
Al cumplirse 13 días del secuestro se va perdiendo la esperanza y se fortalece la hipótesis de una represalia ante una disputa por cobro de piso. Un enfoque distinto al que han tratado los medios hasta ahora es el corporativo. Tres días antes del incidente, el 20 de enero, Vizsla Silver hizo público su reporte anual de 2025, anunciando que tenían ubicadas y confirmadas reservas por 1,800 millones de dólares en sus concesiones del proyecto Pánuco, en Concordia, Sinaloa. Es su único proyecto, pero tiene una expectativa de éxito tan grande, que sin haber sacado una sola onza de plata, el precio de sus acciones llegó a 9.26 dólares, ayer cerró en 6.70 y la tendencia es de 6 días de pérdida consecutivos.
Aunque el incidente ocurrió el 23 de enero, la empresa notificó a los accionistas y a la Bolsa de Toronto (TSX) hasta el 30, típicamente las mineras usan este tiempo para reunir información e intentar una solución por su cuenta antes de verse forzadas a detener operaciones. Claramente no hubo éxito y a partir del día 30 su valor no ha dejado de caer. Los planes de Vizsla según su informe 2025, eran dedicar 2026 a hacer las ingenierías de la construcción de la mina y posteriormente, tal vez en 2027 presentar solicitud de permisos de impacto ambiental para construir la infraestructura y empezar a operar en 2028. Con lo ocurrido y ante el poco alentador futuro del caso, no será fácil que un gobierno entregue permisos a la empresa, que por cierto, actualmente tiene un valor de mercado de 2,000 millones de dólares.
El cobro de piso a las mineras ubicadas en zonas alejadas de los ojos de la autoridad no es una ocurrencia, es una práctica común en México. Yo trabajé 10 años en comunicación corporativa en minas de diferentes estados del país y puedo dar fe de ello. De manera que la hipótesis de una represalia a la minera por una disputa entre dos cárteles es en todos los casos objetiva. Más aún cuando han pasado 13 días y no se ha pedido un rescate.
La realidad operativa de muchas mineras en zonas remotas de México es que, ante la ausencia de presencia policial, se recurre a empresas de seguridad privada, no me refiero a la empresa que pone un guardia en Soriana, me refiero a empresas con personal operativo entrenado en Israel. Son esas empresas las que negocian condiciones con los grupos o cárteles locales para proteger personal e instalaciones. Esto no es rumor, es un hecho constatado en múltiples proyectos mineros. Concordia es parte del llamado Triángulo Dorado —donde confluyen Sinaloa, Durango y Chihuahua— distintos grupos del crimen organizado compiten por territorio, rutas y control, y en ese entorno un proyecto de alto valor puede convertirse en un factor de disputa, que en este caso, no va acabar bien.