Paréntesis | La letra perceptible: Amalgama de notas
Arianna Hernández narra la conmovedora historia de María, hija del tenor cubano-mexicano Jesús Li Cecilio, con una narrativa lírica y periodística que reconstruye su legado musical
Pero a veces tiene precio el acto de tomar riesgos, y lo que un día había bullido como agua, también como el agua se había evaporado.
La sorpresa fue descomunal cuando le dieron la noticia a María... ¡había sido aceptada!... Ahí estaba el inicio de lo que, inevitablemente, marcaría su vida.
El legado e historia de su padre no terminaba con él, sólo reencarnó en ella.
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Jesús Li Cecilio fue un tenor originario de Cuba que llegó a Sonora en el año de 1995 / Foto: Cortesía | Arianna Hernández
María nunca tuvo la dicha de conocer a su padre, y sin embargo, creció rodeada de su eco. ÉI no fue un hombre cualquiera, según sus alumnos, había sido alguien sumamente inteligente que vivía apasionado por el canto y la música; un cantante con un corazón infinitamente noble. Su nombre: Jesús Li Cecilio.
Aquel maestro había sido un tenor talentoso y único. Su voz le permitió moverse por el mundo. Ella lo sabía bien, pues su madre, Marybel, conservaba recortes, fotos, reconocimientos y premios que su difunto progenitor alguna vez hubo ganado. Cuando ella se iba, a María le divertía escabullirse al cuarto materno, para buscar la vieja caja que guardaba memorias y releer aquellos viejos periódicos amarillentos que había adentro, esos que contaban las veces que ganó los primeros lugares en concursos de canto en Venezuela y Moscú, o el premio Verdi, el cual en relatos, siempre le presumían como el de más alto rango de Europa.
Fuera de los premios, la historia de su padre había resultado radiante a los ojos de la pequeña María. Jesús tenía sangre china, pero fue dado a luz en Madruga, entonces provincia de La Habana, donde se crió cantando entre el vapor del tren de lavado de su padre cantonés. A los diecinueve, ya estudiaba música para, después de disímiles experiencias, llegar a México a sus cuarenta y tres, haciendo desplazar la vista de toda una ciudad hacia la ópera.
Jesús Li Cecilio un tenor originario de Cuba que sembró la semilla del arte en Sonora / Foto: Cortesía | Arianna Hernández
Jesús Li falleció de forma accidental e inesperada, un cortocircuito absurdamente doméstico no distinguió el éxito o la edad de las personas que moraban en la casa aquella noche. Un evento tan inusual, dramático y exacto hacía parecer que el destino lo tenía grabado en piedra. Una madre que estaba de viaje, un padre, una niña, un niño, y la abuela materna de su esposa dormidos, de madrugada.
Por añadidura, un teléfono fijo en la sala que no debió fallar, humo negro que mantuvo a todos en un sueño narcoléptico, con un incendio tramposo que decidió aprovecharse de la indefensión nocturna. Luego, un taxi cualquiera que pasaba por la calle después de un día agotador y derribó las rejas del hogar; rejas que protegían la casa de cualquier amenaza exterior pero no de lo que surgía en sus adentros, volviéndose una inesperada jaula mortal. Los vecinos que salieron de sus casas hicieron lo que pudieron, y al final, los bomberos completaron el rescate. Jesús, que había sido el último en salir de los escombros, iba camino al hospital.
Después de días entre cables, oxígeno e intravenosas, su organismo decidió rendirse. Y con su partida también se esfumaron los hilos que había sostenido y creado en vida; las cuentas quedaron vacías, las instituciones dieron la espalda y el confort que habían llegado a disfrutar, ahora se había convertido en un recuerdo incómodo. Así, Marybel, sin apoyo, con una niña en el vientre y viviendo aún en sitio ajeno, tuvo que buscar cómo sacar adelante a sus hijos durante años; en una casa más pequeña donde los trofeos ya no tenían repisas para brillar.
Jesús Li Cecilio, un legado operístico desde Sonora, es el nombre del documental que narra su vida / Foto: Cortesía | Arianna Hernández
María tuvo una infancia sin su padre, y con porciones de su madre; casi siempre ocupada en sus numerosos trabajos o proyectos que les permitían comer y reconstruir aquella casa de la que Marybel se negaba a huir. Aun así, de alguna forma, ahí estaban ambos; en sus voces grabadas en CD’s noventeros, en las pinturas, en las anécdotas que escuchó toda su vida y lo más grande: su propia voz. Desde que tenía memoria, sabía que podía cantar, quizás todavía sin entrenamiento, pero cuando lo hacía, experimentaba una calidez que le recordaba a sus raíces, lo que muchos llamarían “talento nato”, una aptitud que simplemente corría por su sangre en el doble legado genético. Cuando las visitas Ilegaban a la casa, María los usaba como público y los hacía escucharla. Desde pequeña, siempre aseguró que quería ser cantante, y no pasó mucho tiempo antes de pedirle a su madre que le enseñara.
Reuniendo incipiente experiencia al Ilegar su adolescencia, María disfrutaba acompañar a su madre por las aulas de la Universidad de Sonora, cuando Marybel se esmeraba montando la zarzuela María la O. Y como si algo por encima de sus cabezas lo hubiera querido, se abrió una vacante para el personaje “La niña Tula”. María quería audicionar, y después de insistir varias veces, Marybel aceptó.
Después de meses de preparación; entre partituras, libretos y escenografías. Pisó por fin el escenario, con una platea desbordada, ávida de canto lírico. Sintió las miradas del público y escuchó las notas musicales salir desde sus entrañas. Disfrutó la ovación y mientras las luces se apagaban, tomó la decisión que sintió como un propósito de vida.
*La letra perceptible es el título de una serie de cinco artículos, redactados por estudiantes del Cedart (Centro de Educación Artística) José E. Pierson, de Hermosillo, tercer semestre, específico de Literatura, para la materia Periodismo Literario, bajo la dirección del maestro Jorge Luis García Fuentes. Esta rama del periodismo (con ejemplos clásicos como Truman Capote, Tom Wolfe, García Márquez o Elena Poniatowska), se apoya en hechos y personajes de la vida real, en un ejercicio de narrativa que mezcla elementos de ambos estilos, realidad y ficción.