Les invitamos a leer esta crónica cultural vibrante de Jorge Luis García Fuentes, sobre una noche de celebración en Hermosillo con Gaspior Madrigal y su banda Forasteros Country Band
La obra realizada por el reconocido pintor, escultor y muralista hermosillense fue donada como un homenaje visual a la lucha del pueblo yaqui por la dignidad y la justicia
El módulo dos del programa de capacitación ofrece herramientas para diseñar, gestionar y compartir el patrimonio cultural de manera creativa y sostenible
Nacido en Santander, dejó un legado artístico entre España, México y Estados Unidos a través de su pintura que capturaba lo esencial más allá de la apariencia
Forasteros Country Band, es liderado por el Gaspior Madriga / Foto: Cortesía | Jorge Luis García Fuentes
El primer sábado de enero teníamos razones legítimas —que no vienen al caso— para celebrar, y nada nos pareció mejor que pedir auxilio a la niñera y un Uber —por las dudas y las cervezas— al Kobanao, amplio y ventilado restaurante de carnes sonorenses junto a la Torre Hermosillo, con asadores y un escenario rústico para grupos en vivo, que aquella noche estaría ocupando Forasteros Country Band, liderados por el Gaspior Madrigal, alguien que destaca entre los más inquietos y prolíficos músicos de la región.
Una región en la que, por lo general, se sobreentiende que el soundtrack de la carne asada, los sombreros y las botas vaqueras, ha de ser por fuerza la banda norteña, con alguna lista de reproducción en la estruendosa bocina, orquesta en vivo, o al menos un taca taca decente. Pero resulta que la zona fronteriza también es vulnerable a las influencias primigenias, las del sur de los Estados Unidos y su área Dixieland, esas que, mezcladas con las marchas militares en las retretas domingueras, alguna vez mutaron en un producto musical propio, vernáculo. Aunque sin impedir que, de vez en cuando, en el horizonte noroestino se cuele aquel sonido del viejo pariente gringo, la música country.
Gaspior Madrigal es uno de los pocos exponentes actuales del country en Hermosillo, Sonora / Foto: Cortesía | Gaspar Madrigal
Gaspior Madrigal, radiólogo de profesión, y músico incansable también de profesión, desde décadas atrás ocupa por derecho propio su espacio en el panorama cultural local. Con su grupo El Ruletero muchos lo ubican como un apreciable tejedor de temas propios, influenciado por la música popular y la trova hispana tradicional y moderna, presentándose en los eventos importantes de la ciudad o del estado, hasta que, años después, también se decantara por el más puro country, posicionándose como el más consistente, el más original y completo del género, con Forasteros Country Band para demostrarlo.
A nivel internacional, de hecho, no abundan los proyectos de country en español con vuelo alto, capaces de competir con la riqueza poética de los mejores exponentes en inglés, sobre todo del outlaw country, con aquellos Willie Nelson, Johnny Cash o Waylon Jennings contraponiéndose al conservadurismo del Nashville Sound, y son muy pocos los buenos resultados, con las metáforas y los conceptos elaborados, más allá de tópicos comunes. Tampoco es muy habitual, en el ámbito latino, el uso y dominio de los instrumentos clave, como el violín, la steel guitar o el banjo.
El grupo interpreta temas propios y versiones de clásicos del country / Foto: Cortesía | Gaspar Madrigal
Gaspior Madrigal, en este sentido resulta uno de los pocos exponentes actuales del country, capaz de combinar el timbre preciso con las letras en castellano. A veces con temas propios, otras con versiones de clásicos. Entre sus “Harto de estar harto” o “Botas viejas”, y las traslaciones de viejos hits de Alan Jackson, Jimmy Buffett o Dwight Yoakam, se desplaza con absoluta dignidad, sin escatimar energías, asumiendo el riesgo de tocar, en country, lo mismo un personal Ni Dada la quiero de Los Invasores de Nuevo León, que una lista en inglés en colaboración con Mark Mulligan, para el divertido proyecto Six And A Half Mexicans (6.5 Mexicanos), matizado con un feliz Trop Country, a lo Buffet, Chesney o Zac Brown, muy a tono con el propio espíritu alegre del Gaspior, en el escenario y en la vida, ese que nos recuerda que siempre It’s Five O’Clock Somewhere.
El sonido limpio de un grupo con exactos ejecutantes parece demostrar esa vocación de estudio, de perfeccionamiento en sesiones de grabación, del director. En la versión presente de Forasteros Country Band, la que disfrutamos en la noche del primer sábado de enero, una batería contundente y un bajo muy bien llevado complementan el desempeño virtuoso del joven violinista Luis Christian Martínez —capaz de entrarle, sin gota de miedo, al complejísimo solo de The Devil Went Down To Georgia, de Charlie Daniels—, con la guitarra y voz de tenor, estupenda, de Juan Carlos Catalán, solista o acompañante, y para cerrar, la habilidad del propio Madrigal con la guitarra prima, su Daysi Duke consentida, personalizada, rellenando con timbres y notas veloces el ambiente perfecto para el más fluido country-rock, a veces con la slide en el dedo, tañendo las cuerdas al modo steel guitar, disfrutando visiblemente de su presentación. Porque si algo queda claro es que nadie goza más en sus presentaciones que el propio Gaspior Madrigal.
La música country es parte de la cultura fronteriza / Foto: Cortesía | Gaspar Madrigal
Todo ello termina prometiendo un futuro mucho más rico para el género, en español y en una zona de cumbia norteña virtualmente hegemónica. Porque la música country también es parte de la cultura fronteriza, con esa misma positividad, romanticismo provinciano y temas comunes que cuentan sobre gente común; también es alma de los paisajes áridos y la carne asada, del viejo pick-up por el periférico, del brindis con cerveza en la tarde del viernes y de la alegría de vivir.