La Ley Divina
VEO, ESCUCHO, PIENSO Y PROPONGO
Veo a muchos hermanos que se comportan con la vida de los demás como si no existiera una ley que dice: No matarás.
Veo a un grupo de señoras de la tercera edad totalmente en contra de la vida mostrando indiferencia al mandamiento: No matarás.
Y veo a legisladores haciéndose de la vista gorda como diciendo: son los derechos, el pueblo lo pide, y este mandamiento aquí no cuenta.
Escucho a hombres y mujeres decir que no creen en Dios, por lo tanto, piensan que el mandamiento “No matarás” no es para ellos. Están totalmente equivocados, pues el mandamiento es para todos, hombres y mujeres que hemos ve- nido a este mundo.
Escucho a legisladores decir que no son parte de la Iglesia, por eso favorecen el aborto; piensan que pueden robar, matar, maltratar porque no son parte de la Iglesia.
Y escucho abundantes voces expresando no conocer la ley divina, expresando su desprecio y su desinterés en conocerla para no sentirse obligados a llevar una vida moralmente sana.
Y pienso que quien nos dio la vida nos dio la ley: “No matarás” y por el hecho de vivir en este mundo estamos obligados a cumplir esta ley; y de acuerdo con esta ley entregaremos cuentas.
Unos paisanos se fueron de vacaciones a Italia y por no observar la ley fueron multados; los paisanos dijeron: “no somos italianos, y les contestaron: están en Italia y por tanto obligados a guardar la ley de aquí”.
Así nosotros, ya estamos en este mundo y estamos obligados a guardar la ley del que nos dio la vida, creamos o no creamos en ÉL.
Propongo pensemos en ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A qué vine? ¿A dónde voy? Propongo busquemos el diálogo para aclarar nuestras dudas, ahora que es tiempo.
Y propongo meditemos en serio la ley divina: “No matarás”