El amor no duele, no controla y no aísla: Fundación Mujer Virtuosa
La especialistas advierten que la violencia en el noviazgo suele comenzar con conductas sutiles que escalan con el tiempo
Rosalía Maldonado
En el ámbito de pareja, casi cuatro de cada diez mujeres reportaron haber sufrido violencia por parte de su pareja actual o de la última relación, siendo la violencia psicológica la más frecuente, seguida de la económica, física y sexual.
La violencia inicia en casa
Desde la sociedad civil, Perla, integrante de la fundación Mujer Virtuosa y sobreviviente de violencia desde la infancia, advierte que la violencia “es una espiral en la que comúnmente se entra desde casa y de la que es muy difícil salir”.
Relata que en casa desde siempre hubo maltrato y cómo quedó embarazada a los 15 años fue obligada a casarse, pero como su matrimonio fue una relación marcada por agresiones constantes duró solo un año.
Luego, narra que buscó ayuda en su padre, pero resultó que era alcohólico y la violencia volvió a hacerse presente en su vida. La desesperación la llevó al alcoholismo y adentrarse en un mundo oscuro de la farmacodependencia y drogadicción del que logró salir hasta los 40 años, con ayuda de la agrupación Alcohólicos Anónimos.
Perla explica que muchas víctimas, hombres y mujeres, toleran conductas abusivas incluso cuando ponen en riesgo su vida, por la necesidad de pertenecer o ser aceptadas. Señala que crecer en entornos violentos propicia que estas dinámicas se normalicen y que, sin redes de apoyo, las personas se pierdan emocionalmente.
Advierte que estas experiencias suelen derivar en depresión, consumo de alcohol, drogas, dependencia a fármacos o dependencia emocional, “porque llega un momento que la persona literal quiere matar a alguien y buscando aliviar su ansiedad, cae en adicciones y los violentos por su parte si no son frenados llegan hasta la violencia feminicida.”
El subregistro de casos
Durante un ejercicio de entrevistas realizado a jóvenes, solo una de diez mujeres entrevistadas afirmó inicialmente haber sufrido violencia en su relación.
No obstante, al enlistar conductas específicas como control del tiempo, revisión del celular, influencia en las amistades, reclamos constantes o manipulación emocional, la mayoría reconoció haberlas vivido o estar viviéndolas, aunque sin haberlas identificado previamente como violencia.



























