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Análisisjueves, 16 de abril de 2026

Si no es hoy, no habrá mañana / No más polarización; Sí más humanidad

En Hidalgo necesitamos bajar el volumen del enojo y subir el nivel de la conversación.

Pero hay algo que debe decirse con claridad: esta no es una lucha contra las personas. No es una confrontación contra familias, contra el campo o contra quienes han vivido durante años de esta actividad. Tampoco es un juicio moral para dividir entre buenos y malos.

Es, simplemente, una postura frente al maltrato y la muerte de un ser sintiente.

Ese es el centro del debate.

No se trata de gustos. No se trata de percepciones individuales. Se trata de que hoy existe un marco ético y jurídico que obliga al Estado a proteger a los animales. Y cuando una sociedad reconoce ese principio, sus decisiones públicas deben estar a la altura.

Por eso, impulsar la prohibición no es un capricho ni una moda. Es asumir con responsabilidad que hay prácticas que ya no resisten el paso del tiempo.

Porque no toda tradición merece permanecer, especialmente cuando su permanencia depende del sufrimiento.

Hasta aquí, el desacuerdo es legítimo. Lo que no puede seguir ocurriendo es que, frente a este debate, se opte por la evasión.

Se alargan los tiempos, se simula el análisis, se construyen salidas a medias. Se evita asumir el costo de decidir. Y así, lo que exige claridad se diluye entre procedimientos.

No decidir también es decidir. Es elegir que nada cambie.

Pero el tiempo no es neutral. Cada día sin una definición clara profundiza la polarización, endurece las posturas y aleja la posibilidad de construir soluciones responsables.

Por eso la salida no debe ser la confrontación, sino la transición.

Una transición ordenada, sensible, que escuche a quienes dependen de esta actividad y que construya alternativas reales. Porque una sociedad madura no resuelve sus diferencias aplastando al otro, sino encontrando caminos para evolucionar.

El Congreso tiene una responsabilidad clara: discutir, dictaminar y decidir. No postergar indefinidamente lo que ya exige una respuesta.

Porque esta discusión no es sólo sobre toros. Es sobre quiénes somos y quiénes queremos ser.

Se puede reconocer la historia sin quedar atrapados en ella. Se puede cuidar la economía sin normalizar la violencia. Se puede disentir sin odiar.

Pero también se debe actuar.

Porque cuando una tradición depende del sufrimiento de un ser sintiente, lo que está en juego ya no es la costumbre.

Es la humanidad.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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