A MIS CUATES
Bien, pero no todo es así. Recuerdo grandes, qué digo grandes, excepcionales amiguitos desde que éramos párvulos y ya nos perdimos de vista; y otros tantos han incluso partido de este mundo.
Bien, pero ahora si la reflexión la hiciéramos de allá para acá, ¿en qué grado de amistad nos
ubicaríamos respecto de ellos… habremos estado a la altura de sus expectativas… nos remuerde en algo nuestra conciencia? Quizá todos tengamos algo que no nos deje estar del todo tranquilos.
En algunos casos hemos “metido la pata”; bueno, eso es de lo que a manera personal puedo decir.
La pregunta sigue en pié: ¿y yo he sido amigo de mis amigos? Aunque no me toca responderlo, percibo que sí. Al menos trato de no perjudicar a nadie voluntariamente y si está en mí hacer algún favor, pues lo hago sin problema alguno.
Claro, no soy monedita de oro y a más de uno no le he de caer bien; y de igual manera a mí, dos o tres los traigo atravesados en el estómago pero, afortunadamente casi no los o las veo, y vivo sin preocuparme por eso. Ordinario como cualquier otro.
Bien, y ¿dónde queda la admiración? Esa es otra cosa. Podemos sin duda admirar a alguien por sus logros, por su forma de ser, de resolver sus problemas, por sus atributos, por su forma de superarse, etc. aunque ni siquiera nos conozca.
Lo cierto es que los amigos siempre se hieren con la espada de la verdad, no deben darse coba ni debemos abusar de ellos y/o de ellas. A todos mis amigos y amigas les mando un fuerte abrazote.
Feliz día de la amistad.















