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Hace algunos meses leí con tristeza, la Librería Educal con matriz en la ciudad de México, cerró sus puertas en Irapuato. No fue por falta de ventas, sino porque los espacios que ocupaba en la Casa de la Cultura centro, serían utilizados para otros talleres. Se pensó reubicarla, pero no fue opción, perjudicando así a las familias que ahí compraban libros y material educativo para sus hijos. En contraparte fui invitado a fines de la semana pasada al festejo del séptimo aniversario de la librería Emma Godoy en el Centro Regional de Expresión Artística con la presentación del libro “El último suspiro del Conquistador” en voz de su autor Pedro Miguel, editado por el Fondo de Cultura Económica.
Pedro Miguel, nacido en Guatemala en 1958 ha vivido en México prácticamente toda su vida. Estudió antropología social y letras francesas y colaboró en varios periódicos, como El Día, -en mis años de adolescencia bajo la dirección del periodista Enrique Ramírez y Ramírez-, Punto, El País, Yomiuri (Tokio), La Opinión (Los Ángeles), La Jornada y Uno Más Uno. Además, ha sido guionista y comentarista de televisión. Ha publicado, el Caso de Virginia Farfán: La mujer diurético (1995) La fe del adversario (1997), Memoria de una aventura periodística (coord.) 2012 y Damas del tiempo (2017) y Los famosos papeles México WikiLeaks, entre otras obras.
El libro en comento gira en torno a la pregunta ¿Qué pasaría si con el último aliento fuera posible enfrascar o depositar en un frasco el alma, para luego restituirla en un cuerpo nuevo? Sabido es que los restos de Hernán Cortés fueron trasladados de un sitio a otro constituyendo una historia muy divertida. “Bernal Díaz del Castillo afirma que Hernán Cortés abandonó Sevilla, harto de las muchas personas que allí le importunaban, clausuró la casa que poseía en la ciudad y se refugió en Castilleja de la Cuesta, un pequeño pueblo de los alrededores en la residencia de su amigo Juan Rodríguez, en donde, a decir de López de Gómara, se le agravó la cagalera que venía padeciendo desde tiempo antes. Consta en su último destino en vida, estuvo acompañado por el doctor Cristóbal Méndez, su compadre, por Fray Pedro de Saldívar, Prior del monasterio de San Isidoro, y por una Juana o María de Quintanilla probablemente curandera que fue llevada de Valladolid, según la biografía del Conquistador escrita por José Luis Martínez. En ese mismo texto se cita que tras la muerte de Cortés, el administrador Juan Galvarro pagó a esa mujer 50 ducados por su trabajo sin que quede claro cuál fue, y que se le proporcionó un vestido de luto. Después de eso, Juana o María de Quintanilla desaparece de la historia”.
Lo cierto es que Cortés “…se había hecho merecedor del destino más espantoso que pueda acechar a individuo alguno, hombre o mujer, español o indio, valeroso o cobarde, plebeyo o noble, sagaz o necio, vivo o muerto: el odio de sus descendientes”. Los esposos Alejandra y Gustavo, amantes de la literatura y de las Bellas Artes cumplieron 7 años de haber inaugurado la biblioteca Emma Godoy, por lo que, por este medio, les expreso mis más sinceras felicitaciones.
Escritor y docente